Los datos revelan que la mayoría de las llegadas por vía marítima y terrestre corresponde a hombres de entre 18 y 34 años, consolidando un perfil migratorio predominantemente joven y de origen norteafricano.
Compartir:
España atraviesa una transformación significativa en la composición y características de los flujos migratorios irregulares, marcada por un incremento sostenido de perfiles jóvenes, mayoritariamente masculinos y procedentes del norte de África y regiones con fuerte presencia de redes yihadistas, según datos de Frontex recopilados también por ACNUR. Durante 2025, más de 37.000 inmigrantes ilegales ingresaron al país por vía marítima y terrestre. Esta cifra, aunque cercana a la difundida por el Ministerio del Interior, presenta una diferencia de casi 300 casos respecto a los registros oficiales del Gobierno, lo que evidencia inconsistencias en la contabilización de los flujos.
Uno de los aspectos más sensibles —y menos transparentes en el discurso público— es el origen de estos inmigrantes. De acuerdo con los datos detallados de Frontex, uno de cada cuatro no huye de conflictos armados, sino que responde a motivaciones económicas. En cuanto a las nacionalidades, Argelia encabezó el listado representando cerca de un tercio de las entradas ilegales. Le siguieron los ciudadanos de Mali, con aproximadamente el 17%. El ranking lo completan senegaleses, marroquíes y guineanos como los grupos más frecuentes.
Más del 40% de los inmigrantes ilegales en España en 2025 fueron varones jóvenes magrebíes
El análisis por rutas refuerza esta tendencia. En la Península, a través del Mediterráneo Occidental, más del 72% de las llegadas fueron de origen magrebí: los argelinos representaron el 54% y los marroquíes el 18,5%. En paralelo, se registró un crecimiento significativo de somalíes, que pasaron de cifras residuales a constituir el 8,3% de las entradas. En Canarias, por la ruta atlántica, predominaron senegaleses y malienses, que en conjunto alcanzaron casi el 60% del total.
El perfil predominante resulta particularmente relevante: más del 40% de los inmigrantes ilegales que llegaron a España fueron hombres jóvenes de entre 18 y 34 años, principalmente de origen magrebí —especialmente marroquíes y argelinos—, según Frontex y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. A esto se suma que muchos de los migrantes provenientes de Mali y Somalia proceden de territorios bajo influencia de redes yihadistas, lo que introduce un factor de riesgo directo para la seguridad nacional.
Este fenómeno no es aislado. Entre 2020 y 2025, las autoridades europeas detectaron más de 30.000 entradas ilegales de inmigrantes provenientes de zonas con alta presencia yihadista, incluyendo Mali, Burkina Faso, Somalia, Sudán, Siria, Pakistán, Afganistán, Yemen, Irán y Egipto. Estas cifras corresponden exclusivamente a rutas que impactan directamente en España: el Mediterráneo Occidental (Andalucía, Levante, Baleares, Ceuta y Melilla) y la ruta atlántica hacia Canarias.
La evolución de estos perfiles muestra una tendencia clara. En 2020 representaban el 11% del total (1 de cada 9). En 2022 ascendieron al 18%, y en 2024 alcanzaron el 30%, es decir, 1 de cada 3 inmigrantes ilegales procedía de zonas de alto riesgo. En 2025, aunque el volumen total descendió, el porcentaje se mantuvo elevado en 24,8% (1 de cada 4).
Mali destaca como el principal país dentro de este grupo, con un crecimiento exponencial entre 2022 y 2024. También se registraron aumentos relevantes en Somalia —donde Al Shabaab mantiene una fuerte actividad—, Sudán y Burkina Faso, junto con flujos constantes desde Siria, Pakistán, Afganistán, Yemen, Irán y Egipto. Todas estas regiones comparten la presencia activa de organizaciones terroristas como Al Qaeda en el Magreb Islámico o el Estado Islámico en el Sahel, además de elevados niveles de radicalización.
Las rutas utilizadas por estas redes son conocidas y están consolidadas. Canarias se mantiene como un punto crítico a través de la ruta atlántica, mientras que Andalucía, Levante y Baleares concentran las llegadas marítimas del Mediterráneo Occidental. Ceuta y Melilla, por su parte, continúan siendo puntos clave de acceso terrestre. Las mafias de tráfico de personas que operan en estas rutas no aplican ningún tipo de filtro: quien paga, pasa.
Más del 40% de los inmigrantes ilegales en España en 2025 fueron varones jóvenes magrebíes
Fuentes de la Comisaría General de Extranjería y Fronteras (CGEF) de la Policía Nacional advierten que «las rutas irregulares del SAHEL y el Magreb son utilizadas de forma creciente por individuos con perfiles que generan alertas de radicalización, aprovechando la permeabilidad de los flujos masivos para infiltrarse entre los inmigrantes económicos». Asimismo, señalan que «la coordinación entre la CGEF y la Comisaría General de Información ha permitido identificar y neutralizar varios casos en los que personas llegadas en patera o cayuco presentaban antecedentes o vínculos con entornos yihadistas».
En este contexto, la política migratoria aplicada durante los últimos seis años por el Gobierno de Pedro Sánchez aparece directamente vinculada al aumento de los flujos. Regularizaciones masivas, traslados desde Canarias a la Península y una percepción extendida de fronteras permeables han configurado un efecto llamada sostenido.
Los informes de Frontex reflejan una realidad compleja: el riesgo de infiltración yihadista crece en paralelo a un sistema de control con expulsiones mínimas y procedimientos de seguridad que, en numerosos casos, resultan insuficientes o excesivamente lentos. La evolución es contundente: del 11% en 2020 al 30% en 2024, con una leve baja al 24,8% en 2025. Lejos de tratarse de un fenómeno coyuntural, los datos evidencian una tendencia estructural que se consolida en el tiempo y que coincide con el actual modelo de gestión migratoria.