En un contexto internacional marcado por la creciente tensión geopolítica en Medio Oriente y una fuerte escalada del precio del petróleo, el mercado energético argentino reaccionó con una señal de orden y coordinación: las principales petroleras que operan en el país decidieron alinearse con la estrategia impulsada por YPF para contener la suba de los combustibles y garantizar estabilidad en los surtidores. El acuerdo, que ya rige en todo el territorio nacional, involucra a productores, refinadoras y comercializadoras, y establece que los precios de la nafta y el gasoil se mantendrán estables durante al menos las próximas seis semanas, evitando así que el impacto de la suba internacional del crudo se traslade de forma inmediata al consumidor.
Según fuentes con conocimiento de las negociaciones, la decisión responde a dos factores clave: la caída de la demanda —especialmente en el interior del país— y la necesidad de ofrecer mayor previsibilidad frente a la volatilidad global. Se trata, además, de un entendimiento alcanzado por iniciativa del propio sector privado, sin intervención directa del Gobierno, lo que refuerza el cambio de paradigma económico bajo la actual gestión. El mecanismo se activó tras un incremento cercano al 20% en los combustibles desde el inicio del conflicto armado en Medio Oriente, una suba que impactó de lleno en el consumo. En particular, se registró una merma sensible en las ventas de nafta súper en el interior, donde el precio llegó a superar los $2000 por litro.

El entendimiento —vigente por 45 días desde el 1° de abril y con horizonte hasta mediados de mayo— abarca a toda la cadena: productores como Tecpetrol, Pluspetrol y Fénix; refinadoras como Raízen y Trafigura; y compañías integradas como Pan American Energy, operadora de estaciones Axion, además de la propia YPF. En paralelo, Puma Energy —controlada por Trafigura— analiza adherir, aunque se espera que acompañe la decisión del mercado. El esquema acordado permite evitar tensiones entre los distintos actores del sector. Por un lado, los productores podrían maximizar ganancias exportando crudo al exterior, pero eso pondría en riesgo el abastecimiento interno. Por otro, los refinadores solo podrían pagar precios más altos si trasladaran esos costos a los surtidores, algo inviable en un contexto de retroceso del consumo.
Para resolver esta ecuación, se estableció como referencia el valor del crudo de marzo en las transacciones internas. De este modo, mientras los productores facturan según la cotización internacional —que llegó a picos de USD 119 por barril y actualmente ronda los USD 109—, los refinadores abonan el valor vigente hasta ese mes. La diferencia se acumula en una cuenta compensadora que se saldará con el tiempo. En términos prácticos, esto implica que el precio en el surtidor se mantiene sin cambios: incluso si el conflicto se resuelve y el crudo baja, la nafta no disminuirá de inmediato, ya que se compensarán los valores no abonados previamente.









