El Gobierno libanés le encomendó el martes al ejército la tarea de diseñar un plan para consolidar el control exclusivo del Estado sobre el uso de las armas en todo el país antes de fin de año, una medida que representa un desafío directo a Hezbolá, que rechazó las demandas de desarme desde el conflicto bélico con Israel ocurrido el año pasado.
La organización terrorista respaldada por Irán enfrenta crecientes presiones tanto de sus oponentes internos como del gobierno estadounidense, que insisten en que los ministros libaneses expresen públicamente su compromiso de avanzar hacia el desarme del grupo. Existe preocupación de que, si esto no ocurre, Israel podría intensificar sus ofensivas contra territorio libanés.
Esta reunión, celebrada en el palacio presidencial, marcó la primera vez que el gabinete abordó formalmente el tema del armamento en manos de Hezbolá, algo que hace apenas dos años, cuando la agrupación estaba en la cima de su influencia, habría resultado impensable.

Durante casi seis horas de reunión, los ministros analizaron distintos enfoques. En una declaración posterior, el primer ministro Nawaf Salam anunció que se había dado luz verde al ejército para formular un plan que asegure que, antes de finalizar el año, todas las armas estén bajo control de seis entidades de seguridad estatales definidas.
Sin embargo, mientras se desarrollaba la sesión, el líder de Hezbolá, Naim Qassem, rechazó públicamente la idea de desarme. En un discurso televisado, advirtió: “Espero que ustedes (los funcionarios libaneses) no pierdan el tiempo en las tormentas provocadas por dictados externos”.









