El resultado de la primera vuelta profundizó esas discusiones internas, especialmente después de que Flávio lograra imponerse sobre Lula por una diferencia que sorprendió a todos.
El PT, además, deberá disputar el voto de quienes no tienen una identificación política definida. Mientras el equipo de Flávio Bolsonaro considera que puede quedarse con buena parte de los votos de los candidatos de derecha que quedaron fuera del balotaje, la campaña de Lula busca atraer a quienes todavía no se decidieron.
La abstención será uno de los principales terrenos de disputa. En la primera vuelta, 33,4 millones de electores, equivalentes al 21,6% del padrón, no votaron. Sin embargo, la participación es prácticamente la misma que en las elecciones anteriores, por lo que resultaría difícil conseguir elevarla aún más.
Al mismo tiempo, el oficialismo buscará combinar la estrategia del miedo contra Flávio con una agenda "positiva", que incluye el denominado "plan platita", para intentar comprar votos mediante mayores políticas populistas.
Mientras Lula intenta reorganizar su campaña y ampliar su base electoral, el equipo de Flávio apuesta a consolidar el voto de cambio y a captar a quienes no apoyan al PT pero todavía mantienen dudas sobre el candidato del Partido Liberal.