El fallecimiento de María Carmen Abascal a los 87 años de edad en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid ha sido de inmediato transformado en el principal ariete propagandístico de la izquierda española. El ala más radical del espectro político ha utilizado la figura para impulsar protestas multitudinarias, promover movilizaciones callejeras y reforzar un discurso comunista que busca menoscabar la propiedad privada y desestabilizar las bases de la economía de mercado en España.
Este clima de agitación social e inestabilidad política, alimentado a raíz de su desahucio el pasado 23 de septiembre, ha derivado en un verdadero colapso institucional. Las consecuencias inmediatas de la ofensiva impulsada por los colectivos afines a la izquierda incluyen la acampada permanente en la Puerta del Sol, la caída de dos decretos reguladores sobre la vivienda, la presión sindical que ha desembocado en la convocatoria de una huelga general para el 11 de noviembre y el acorralamiento del presidente del Gobierno, el socialista Pedro Sánchez, quien se vio obligado a convocar elecciones anticipadas para el 29 de noviembre.
La maquinaria partidista no tardó en rentabilizar el suceso a nivel mediático y parlamentario. Desde el ámbito del radicalismo de izquierda, la eurodiputada de Podemos, Irene Montero, utilizó sus redes sociales en X para exacerbar la crispación al señalar: “No es una muerte, es un asesinato. Qué maldita rabia. Gracias por luchar, Mari Carmen”, alineándose con las proclamas del asambleísmo callejero que coreaba “No son muertes, son asesinatos” durante el 1 minuto de silencio guardado en la Puerta del Sol.


















