El Parlamento Europeo reconoce la “Cristianofobia” mientras más de 380 millones de cristianos sufren persecución
porRedacción
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El Parlamento Europeo incluyó oficialmente el término “cristianofobia” en su resolución anual sobre derechos humanos y democracia en el mundo. El reconocimiento llega en un contexto global alarmante: más de 380 millones padecen violencia, discriminación o desplazamiento por su fé.
En medio de un debate cada vez más intenso sobre la libertad religiosa y el aumento de los delitos de odio en distintas regiones del mundo, el Parlamento Europeodio un paso significativo al reconocer oficialmente la existencia de la “cristianofobia” y la persecución sistemática que sufren millones de creyentes cristianos. La decisión se produjo a finales de enero, cuando la Eurocámara adoptó su resolución anual sobre derechos humanos y democracia en el mundo, en la que se menciona explícitamente el término y se subraya la magnitud de la persecución contra el cristianismo a nivel global.
El documento es contundente al señalar que “el cristianismo sigue siendo la religión más perseguida del mundo, con más de 380 millones de personas afectadas”. A pesar de esta realidad, la propia resolución advierte una evidente asimetría institucional dentro de la Unión Europea. “Si bien el cristianismo sigue siendo la religión más perseguida del mundo, con más de 380 millones de personas afectadas, no existe un coordinador europeo responsable de combatir la cristianofobia, a pesar de que se ha nombrado un coordinador para combatir la islamofobia”, afirma el texto aprobado por el Parlamento.
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Este reconocimiento formal llega en un contexto internacional preocupante. Según diversas organizaciones que monitorean la libertad religiosa, uno de cada siete cristianos en el mundo sufre algún tipo de persecución por su fe, una cifra que refleja la gravedad del fenómeno. El último informe de la organización Open Doors, dedicada a seguir la situación de los cristianos perseguidos en el mundo, revela datos alarmantes. Solo durante el último período analizado, 3.632 iglesias y propiedades cristianas fueron atacadas, mientras que 224.129 cristianos se vieron obligados a abandonar sus hogares, esconderse o huir de sus países debido a la persecución violenta.
La situación es particularmente dramática en algunas regiones. Solo en Nigeria, miles de cristianos fueron asesinados el año pasado, según el informe. Además, entre los diez países con mayor persecución cristiana se encuentran Estados gobernados por regímenes comunistas de extrema izquierda y territorios afectados por extremismo islámico. Open Doors advierte que un número récord de cristianos vive actualmente bajo persecución severa, una tendencia que, lejos de disminuir, continúa empeorando.
El Parlamento Europeo también subrayó la difícil situación que viven las comunidades cristianas en Oriente Medio, región considerada la cuna histórica del cristianismo. “Las comunidades cristianas de Oriente Medio, entre las más antiguas del mundo, siguen enfrentándose a una grave persecución, discriminación, desplazamiento forzado y restricciones a su libertad religiosa o de creencias”, señala la resolución adoptada.
En el plano conceptual, el Parlamento también avanzó en la definición formal del término “cristianofobia”, que pasa a ser considerado una categoría específica de discriminación religiosa. La resolución la define como “todo acto de violencia, discriminación, hostigamiento, vandalismo o discurso de odio dirigido contra personas, símbolos o lugares de culto cristianos”. Además, el texto insta a la Comisión Europea a designar un coordinador específico para combatir este fenómeno, de manera equivalente a los cargos ya existentes para abordar el antisemitismo y la islamofobia.
El Observatorio sobre la Intolerancia y la Discriminación contra los Cristianos en Europa (OIDAC) celebró la decisión, destacando especialmente el reconocimiento de lo que considera una desigualdad institucional dentro del marco europeo de lucha contra la discriminación. Según el organismo, “el Parlamento no solo reconoce la magnitud mundial de la persecución anticristiana, sino que también pone de manifiesto una asimetría institucional dentro del marco antidiscriminatorio vigente en la UE”.
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No obstante, el debate político dentro de Europa sigue abierto. Políticos conservadores europeos defendieron con firmeza la inclusión del término y las enmiendas correspondientes, sosteniendo que la defensa de todas las libertades religiosas forma parte esencial de los valores europeos. Por el contrario, representantes de la izquierda y los partidos verdes expresaron reservas, argumentando que singularizar una religión podría generar la percepción de una jerarquía entre las distintas víctimas de discriminación.
El debate se produce en un contexto donde miles de delitos de odio anticristiano fueron registrados durante 2024, incluyendo ataques a iglesias y episodios de violencia xenófoba y religiosa en países como Francia, Reino Unido, Alemania, España y Austria. Según distintos observadores, el fenómeno tiende a intensificarse en aquellos países donde los debates públicos sobre religión, secularismo y laicismo se vuelven especialmente polarizados.
Hasta el momento, la Comisión Europea aún no ha designado a una persona que ejerza como coordinador para combatir la cristianofobia, a pesar de las recomendaciones del Parlamento. En este escenario, la COMECE (Conferencia de las Conferencias Episcopales de Europa) —representante oficial de la Iglesia Católica ante las instituciones comunitarias— viene reclamando desde hace tiempo el reconocimiento y la acción concreta frente al odio anticristiano y, en general, frente a todas las formas de ataque contra la libertad religiosa.
La organización anticipa que en los próximos meses podrían presentarse propuestas específicas de acción, vinculadas al nuevo marco europeo de derechos y a la estrategia comunitaria contra el racismo y la intolerancia. El debate sobre la libertad religiosa también remite a principios fundamentales del derecho internacional. La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 18, establece: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia”.
Desde esta perspectiva, diversos analistas subrayan que ningún Estado debería interferir en el ámbito religioso de las personas o de las comunidades creyentes, ni imponer, obligar o restringir sus creencias. La libertad religiosa, además, se encuentra profundamente vinculada con otras libertades fundamentales, como la libertad de expresión, la libertad de asociación, la libertad de culto, la libertad de conciencia y el derecho de los padres a elegir la educación religiosa y moral de sus hijos.
El reconocimiento de la cristianofobia por parte del Parlamento Europeo también reabre una reflexión más amplia sobre la identidad del continente. Durante siglos, la fe cristiana contribuyó decisivamente a configurar la civilización europea, influyendo en su desarrollo cultural, institucional y moral. Para muchos creyentes, el desafío actual consiste en defender la libertad religiosa sin complejos, en un contexto donde las tensiones entre tradición, secularismo y pluralismo religioso siguen marcando el rumbo del debate público.