Para sus detractores, la frase resume las prioridades que marcaron el paso de Starmer por Downing Street: un fuerte impulso a las políticas vinculadas al movimiento LGBT mientras el Reino Unido enfrentaba una creciente crisis migratoria, un deterioro económico y crecientes cuestionamientos a la gestión laborista. En ese marco, sus críticos sostienen que el Ejecutivo destinó una parte significativa de su capital político a promover esa agenda en lugar de concentrarse en resolver los problemas que más preocupaban a los británicos, como la inmigración ilegal, la inseguridad y el costo de vida.
Crecen los cuestionamientos al legado del laborismo
La declaración también volvió a poner bajo la lupa el balance del gobierno laborista. Durante la gestión de Starmer, la oposición y distintos analistas cuestionaron la respuesta oficial frente al aumento de la inmigración irregular a través del Canal de la Mancha, el elevado gasto público y la presión sobre el sistema de salud y otros servicios estatales.
Asimismo, el Ejecutivo recibió críticas por la forma en que distintas instituciones británicas abordaron durante años los casos de las denominadas grooming gangs, redes de explotación sexual integradas mayoritariamente por hombres de origen pakistaní que fueron investigadas en varias ciudades del país. Diversos sectores políticos reclamaron investigaciones más profundas sobre posibles fallas institucionales y responsabilidades de las autoridades locales.
En ese contexto, la frase de Starmer fue recibida por muchos de sus críticos como una muestra de que el Gobierno continuó priorizando cuestiones culturales e identitarias en un momento en que una parte importante de la sociedad demandaba respuestas frente a los problemas económicos, migratorios y de seguridad que atraviesa el Reino Unido.