Funcionarios del Ministerio de Salud reconocieron que nunca habían enfrentado un volumen de muertes tan elevado en un lapso tan corto. La brecha entre los datos internos y la narrativa pública del régimen expone un intento sistemático de minimizar el alcance real de la represión.

Además, el apagón informativo impuesto por el gobierno iraní dificultó la tarea de organizaciones independientes. La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Estados Unidos, logró confirmar más de 5.400 muertes y se encontraba investigando otros 17.000 casos.
Sin embargo, incluso esos números podrían subestimar la tragedia. El cirujano germano-iraní Amir Parasta, que recopiló información de hospitales y socorristas, aseguró haber documentado 30.304 fallecidos hasta el viernes posterior a la represión. Según explicó, su registro no incluye los hospitales militares, donde los cuerpos suelen ser trasladados directamente a morgues sin pasar por controles civiles.













