Filtraciones del Ministerio de Salud revelan que la represión del 8 y 9 de enero en Irán habría dejado hasta 30.000 muertos.
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La magnitud de la represión desplegada por el régimen de Irán comienza a vislumbrarse a partir de filtraciones internas que contradicen la versión oficial. La información provino de funcionarios de alto rango del Ministerio de Salud iraní.
La versión interna reveló que hasta 30.000 personas habrían muerto en apenas dos días, durante los enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad. La data fue publicada por la revista TIME, que accedió a testimonios directos de funcionarios sanitarios que describieron una situación sin precedentes en la historia reciente del país.
De confirmarse, la cifra superaría ampliamente el recuento de los sectores oficiales del Gobierno, que admiten poco más de 3.000 fallecidos.
Ali Khamenei, líder supremo de Irán
El colapso del sistema para manejar los muertos
De acuerdo con los relatos recogidos, la escala de la violencia fue tal que el propio Estado se vio desbordado para gestionar los cuerpos. Las bolsas para cadáveres se agotaron en pocas horas y las ambulancias resultaron insuficientes. Esto los obligó a utilizar camiones semirremolque de gran porte para el traslado masivo de fallecidos hacia morgues improvisadas.
Funcionarios del Ministerio de Salud reconocieron que nunca habían enfrentado un volumen de muertes tan elevado en un lapso tan corto. La brecha entre los datos internos y la narrativa pública del régimen expone un intento sistemático de minimizar el alcance real de la represión.
Imágenes de una morgue en Kahrizak entre el 9 y 11 de enero.
Además, el apagón informativo impuesto por el gobierno iraní dificultó la tarea de organizaciones independientes. La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Estados Unidos, logró confirmar más de 5.400 muertes y se encontraba investigando otros 17.000 casos.
Sin embargo, incluso esos números podrían subestimar la tragedia. El cirujano germano-iraní Amir Parasta, que recopiló información de hospitales y socorristas, aseguró haber documentado 30.304 fallecidos hasta el viernes posterior a la represión. Según explicó, su registro no incluye los hospitales militares, donde los cuerpos suelen ser trasladados directamente a morgues sin pasar por controles civiles.
Disparos directos contra la población
Un policía iraní en una marcha oficialista el 12 de enero.
Especialistas en epidemiología de conflictos señalaron que, la velocidad y el volumen de muertes en tan solo 48 horas no tiene precedentes modernos fuera de contextos de guerra total.
Existe una clara diferencia con otros escenarios recientes, donde los picos de mortalidad suelen estar asociados a bombardeos o explosivos. En Irán la represión se caracterizó por el uso sistemático de munición real contra multitudes.
Testimonios médicos desde Teherán describen un punto de quiebre la noche del 8 de enero. Tras el inicio del apagón de internet los hospitales comenzaron a recibir cientos de heridos con impactos de armas de alto calibre. Videos que lograron salir del país muestran francotiradores apostados en azoteas y vehículos equipados con ametralladoras pesadas.
Historias que rompen el silencio
Transeúntes en Teherán el 19 de enero.
Pese al bloqueo comunicacional, algunas historias individuales comenzaron a trascender. En Isfahán, Sahba Rashtian, una artista de animación de 23 años, murió por disparos antes de que siquiera comenzaran los cánticos de protesta.
Durante su entierro, su padre, vestido de blanco, declaró ante los presentes que su hija había muerto “en el camino hacia la libertad”.
Las protestas, que comenzaron el 28 de diciembre con reclamos económicos y políticos, se extendieron a unas 4.000 localidades según reconoció el propio Consejo de Seguridad Nacional iraní.
La brutalidad de la respuesta estatal sugiere que el régimen percibe el levantamiento como una amenaza existencial. Algo comparable a la cual dio origen a la Revolución Islámica de 1979.