La asunción de Rodrigo Paz marca un quiebre histórico en Bolivia, donde tras más de dos décadas bajo el dominio del Movimiento Al Socialismo (MAS), el país inicia un viraje hacia una economía de mercado con un programa de ajuste de shock que busca acabar la escasez de divisas, contener el colapso energético y estabilizar una inflación que ya trepa al 25% anual, reflejo de los años de populismo y dirigismo económico heredados de los gobiernos de Evo Morales y Luis Arce.
Paz heredó un Estado quebrado, con un tipo de cambio congelado en 6,9 bolivianos por dólar desde hace 14 años y un mercado negro donde la divisa se paga al doble. En las calles de La Paz y Santa Cruz, las filas para conseguir combustible llegan a durar tres días. “No hay tiempo para gradualismos”, aseguran en su entorno.

El nuevo gabinete fue presentado este domingo. El economista José Gabriel Espinoza Yáñez, formado en Córdoba y defensor de una economía de mercado abierta al mundo, asumió como ministro de economía. Espinoza sería el encargado de conducir la transición hacia un esquema de tipo de cambio flotante entre bandas, la eliminación paulatina del déficit fiscal y la desregulación de la economía.
Durante su discurso de asunción, el nuevo mandatario mostró imágenes del ingreso de camiones cisterna desde Perú y Paraguay, un gesto simbólico que anticipa el fin del control de precios y de los subsidios generalizados al combustible. El litro de nafta, hoy en 3,72 bolivianos, podría duplicar su valor a más de 8 bolivianos en los próximos días.
El equipo pretende cerrar 2026 con una inflación similar a la actual, pero con cuentas ordenadas y sin subsidios distorsivos. Para amortiguar el impacto inicial, se mantendrán ayudas focalizadas al transporte público y programas alimentarios básicos.










