Rusia anunció el envío de un segundo buque petrolero para abastecer a la dictadura de Cuba, en medio de la crisis energética que atraviesa la isla tras las sanciones impulsadas por Estados Unidos.
El movimiento de Moscú busca sostener artificialmente a un régimen colapsado que enfrenta apagones masivos, parálisis económica y un creciente descontento social.
Rusia insiste en sostener a un régimen en crisis
El ministro de Energía ruso, Serguéi Tsiviliov, confirmó que ya se está cargando un segundo barco tras el envío inicial.
“El primer buque rompió el bloqueo. Ahora se está cargando el segundo”, afirmó el funcionario, dejando en claro el respaldo político de Moscú a La Habana.
El primer cargamento permitió aliviar temporalmente la crisis energética, pero no resolvió los problemas estructurales del sistema cubano.
Un alivio temporal para una economía colapsada
El petrolero ruso transportó alrededor de 100.000 toneladas de crudo, el primer envío en tres meses para una isla prácticamente paralizada.
Sin embargo, expertos advierten que este tipo de ayuda apenas cubre unos pocos días o semanas de demanda energética.

Cuba necesita aproximadamente 100.000 barriles diarios, pero su producción local cubre menos de la mitad, lo que explica los apagones constantes y la crisis de servicios básicos.
La presión de Trump expone la debilidad del régimen
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, restó importancia al envío ruso y fue contundente sobre la situación de Cuba.
Trump calificó al gobierno cubano como “corrupto” y aseguró que la llegada de petróleo no cambiará la realidad de fondo.
La estrategia de Washington apunta a asfixiar económicamente al régimen para forzar un cambio estructural, limitando el acceso a combustible desde Venezuela, México y otros proveedores.
El bloqueo energético deja al descubierto el fracaso del modelo cubano
La crisis actual no es nueva, pero se agravó tras la interrupción del suministro externo.
La incapacidad del régimen para sostener su sistema energético demuestra el fracaso de décadas de planificación estatal y dependencia externa.
Los apagones prolongados afectan hospitales, transporte y producción, dejando en evidencia el deterioro del país.









