Hoy se cumplen 31 años del atentado más brutal cometido en suelo argentino: la voladura de la sede de la AMIA, que dejó 85 muertos y más de 300 heridos. Tres décadas después, la Justicia argentina ha señalado con claridad al régimen iraní como autor intelectual del ataque, ejecutado a través del grupo terrorista Hezbollah. Pero mientras las víctimas reclaman justicia, Teherán no solo sigue negando su responsabilidad: continúa ampliando sus redes en la región.
Un informe reciente del Ministerio de la Diáspora y la Lucha contra el Antisemitismo del Estado de Israel titulado “Los tentáculos de Irán en América Latina” documenta la preocupante influencia del régimen de los ayatolás en Argentina.
El dossier de 13 páginas expone los vínculos del jeque Abdul Karim Paz —imán de la mezquita At-Tauhid de Buenos Aires— con la teocracia iraní, así como su colaboración con figuras como Moshen Rabbani, señalado como uno de los cerebros del atentado.
El informe sostiene que Paz y sus allegados, entre ellos su esposa y otros activistas vinculados al chiismo radical, forman parte de una célula con base en Buenos Aires cuyo objetivo es difundir propaganda antisemita y defender los intereses de Irán.









