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Colombia

Los vínculos de Gustavo Petro con el dinero del chavismo: Otra creación de Maduro que puede llegar al poder en Colombia

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A días de las elecciones en Colombia, los vínculos de Petro, quien lidera las encuestas, con el chavismo, ponen en tela de juicio el rol del senador comunista en los comicios.

El gobernador chavista del Táchira, Freddy Bernal, acusado por la justicia estadounidense de facilitar la venta de armas a la FARC, blanqueó su apoyo al candidato comunista Gustavo Petro para las elecciones presidenciales de Colombia de este domingo.

En su programa de radio el pasado viernes 6 de mayo, Bernal manifestó su apoyo al candidato de Pacto Histórico luego de reproducir un discurso de Petro donde afirma que retomaría las relaciones diplomáticas plenas con el régimen de Maduro en caso de llegar al poder.

Además, recordó que Táchira es un estado que limita con Colombia, y que entonces a los tachirenses les conviene que gane un adepto al castrochavismo. “Al pueblo del Táchira le conviene que gane Petro… sin pretender inmiscuirme en la política interna de Colombia, yo quiero, en mi opinión como gobernador de un estado fronterizo, como es el Táchira”, afirmó el gobernador.

El actual mandatario que gobierna desde San Cristobal, estado Táchira, es un criminal que llegó al poder de la mano del chavismo como diputado en 1999. Más de 20 años después ha tenido varios cargos públicos, y desde 2008 es parte de la “Lista Clinton” tras ser acusado por la Oficina de Control de Activos Extranjeros de Estados Unidos de facilitar ventas de armas entre el régimen de Hugo Chávez y las FARC, la organización narco-terrorista colombiana.

Pero esa no esa única acusación e investigación sobre su actividades criminales, luego de haber sido designado en 2016 como Coordinador Nación de los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) y Protector del Táchira en 2017 (ocupó ambos cargos lo cual es ilegal), fue denunciado en 2019 ante la Organización de Estados Americanos (OEA) por el excanciller de Colombia, Carlos Holmes Trujillo, nombrandoló como el “enlace” que existe entre Maduro, las FARC y la ELN.

Este apoyo tan explícito no es casual. Petro es uno de los “hijos pródigos” del régimen castrochavista y sus vínculos con el dinero manchado de sangre de Maduro son cada vez más claros.

En estos últimos años se han revelado vínculos y declaraciones por parte de dirigentes chavistas que exponen a Petro y explican el apoyo de Bernal, ayudando a completar el rompecabezas.

En 2018, el número dos del régimen, Diosdado Cabello, dijo que Petro había viajado a Venezuela para pedir plata para su campaña de ese año.

En aquél momento, el colombiano perdió contra Iván Duque en ballotage, pero hizo una sorprendente campaña. En ese momento, el exdiputado venezolano opositor Rafael Ramírez (PJ-MUD) solicitó investigar a Petro, y aseguró que todavía no tenían pruebas pero sí el rastro de que algunas empresas vinculadas a Alex Saab lo estaban financiando.

Alex Saab es un empresario colombiano acusado ampliamente de ser el testaferro de Maduro. Actualmente se encuentra arrestado en Estados Unidos, y desde su extradición ha revelado el esquema de cómo Hugo Chávez y Nicolás Maduro financiaron la llega de Rafael Correa al poder en Ecuador.

Pero el nombre que más vincula a Petro con la corrupción del chavismo es el empresario también colombiano Carlos Gutiérrez Robayo, un hombre investigado hace algunos años por la justicia estadounidense como pieza fundamental de los intentos de Venezuela por imponer gobiernos afínes en los países vecinos.

En 2020, el medio Cuestión Publica reveló la financiación a la campaña de Gustavo Petro para el Senado en 2006 por parte de Gutiérrez Robayo, quien proveyó 50 millones de pesos colombianos, que serían unos 2,2 millones de dólares al cambio de ese año. Con este dinero, se catapultó a la fama y se convirtió en el primer senador chavista de Colombia.

La relación siguió en los años posteriores. En 2011, una de sus empresas, CGR Biotecnología Residual le donó a la campaña de Petro a la Alcaldía de Bogotá por el valor de $63.920.000 de pesos, unos US$ 34.600 dólares de esa época.

La campaña de Petro también recibió aportes por parte de dos gerentes de otras empresas de Robayo, una secretaría de la junta directiva y el esposo de la última, por valores similares.

Las donaciones fueron exitosas, y Petro fue electo alcalde de Bogotá, el mayor paso para el chavismo en la importante ciudad colombiana hasta el momento. Gobernó entre 2012 y 2015, con una destitución en el medio en el año 2014, de la cual fue absuelto por la justicia, aunque estuvo casi dos meses afuera del cargo.

Según el portal Las 2 Orillas, Gutiérrez Robayo incluso le habría prestado dinero a Petro para ayudarlo a cubrir sus gastos después de que hubiera quedado por fuera de las elecciones presidenciales en 2010 y sin curul en el Senado, hasta que llegó a la alcaldía de Bogotá, y luego entre 2015 y 2018, cuando de vuelta se quedó sin cargo público.

Ahora se preguntaran, ¿por qué la devoción de un empresario vinculado al chavismo con Petro? Más allá de los negocios políticos, la relación data desde hace tiempo y es más bien familiar.

Aunque Petro pretende hacer pasar su relación con el señor Gutiérrez Robayo como meramente casual, la realidad es que la relación es de vieja data. Petro era uno de los protegidos de su padre, Luis Eduardo Gutiérrez Méndez, líder de FEDEPAPA (Federación Colombiana de Productores de Papa).

Esta relación data desde 1981, y se conocieron cuando Gutierrez Mendez era concejal en Zipaquirá por el centroderechista Partido Conservador y Petro un joven militante del partido izquierdista Alianza Nacional Popular (Anapo), el movimiento político del dictador colombiano Gustavo Rojas Pinilla.

El concejal y el militante se conocieron producto de una serie de marchas que Petro lideró durante la disputa de unas tierras pertenecientes a la curia de Zipaquirá, que habían sido ocupadas por agrupaciones de izquierda. Petro medió en representación de los ocupas y Gutiérrez Mendez lo habría hecho en nombre de la Iglesia. Aparentemente, Gutiérrez quedó sorprendido por el discurso de Petro, y automáticamente lo adoptó como protegido.

El camino de Petro con la familia Gutiérrez vuelve a cruzarse por dos hermanas, María Teresa y Verónica Alcocer. En los años 80s, el hijo Gutiérrez, el mencionado Carlos Gutiérrez Robayo, conoció a María Teresa Alcocer, con quién se casaría y tendría su primer hijo, durante la misma etapa que creó la empresa CGR Biotecnología Reproductiva. La misma que le donó los miles de dólares a la campaña en Bogotá.

En 1998, la alianza política quedó sellada con lazos familiares. Petro se casó con Verónica Alcocer, hermana de María Teresa, y se convirtieron en concuñados.

En ese momento, Petro comenzaba su segundo periodo en la Cámara de Representantes, tras llegar de Bélgica como allegado diplomático gracias a Samper. Se sabe que desde ese entonces Petro frecuentaba socialmente a los Gutiérrez he incluso habría contado con el apoyo económico de Robayo en distintas ocasiones.

La última pieza del rompecabezas: el vínculo de Gutiérrez Robayo con Alex Saab y el chavismo

El vínculo de Gutiérrez Robayo con Alex Saab proviene de una carbonífera llamada Trenaco Colombia S. A. S, la cual en 2015, a pesar de tener un pasivo que duplicaba sus activos, suscribió un millonario contrato con la petrolera estatal venezolana PDVSA.

El contrato para perforar 600 pozos petroleros en la Faja del Orinoco por el valor de $4.500 millones de pesos colombianos (US$ 1,6 millones en ese momento) fue presentado a Gutiérrez Robayo por Alex Saab, quién llevó a Trenaco a la licitación para poder ganar parte de la comisión por ser el intermediario.

La empresa era simplemente una fachada. PDVSA no suscribió al contrato pero Alex Saab cobró su comisión, y Gutiérrez Robayo también cobró de allí. Luego se descubrió que Trenaco era parte de una serie de 15 empresas fachada creadas en paraísos fiscales que el International Consortioum of Investigative Journalists reveló eran administradas por Gutiérrez Robayo y su esposa María Teresa, la hermana de la mujer de Petro.

En septiembre de 2016 la Superintendencia de Sociedades decretó su liquidación por la incapacidad de cumplir sus obligaciones financieras. La empresa tenía un patrimonio negativo de $68 mil millones de pesos colombianos (US$ 24,8 millones ese año). Pero no importaba. Su función era servir como canal para que el Estado venezolano le pasara dinero al empresario colombiano de manera legal, y ese rol lo cumplió a la perfección.

Trenaco apareció en los famosos Panama Papers, junto a otras compañías fachadas creadas en Islas Vírgenes, que utilizó todas para el mismo fin. Es importante aclarar que la operación financiera no fue ilícita, y todo quedó blanqueado a través de PDVSA y Alex Saab, quien cumplió a la perfección su rol de testaferro.

Pero este caso deja en claro el fuerte vínculo de Gutiérrez con Saab, ya que este último necesitaba a alguien de confianza para este lavado. Y también deja a interpretación de cada uno de dónde salieron esos fondos, especialmente cuando se tiene en cuenta que las arcas del PDVSA están manchadas de la sangre de los venezolanos.

Por último y no menos importante, son las las declaraciones escritas de Hugo Carvajal, ex-jefe de inteligencia de Venezuela, entregadas al juez español Manuel García Castellon, donde revela el financiamiento de chavismo a varios políticos de la izquierda latinoamericana y uno de ellos es Gustavo Petro.

Colombia

Tras la victoria de Petro, el peso colombiano se desploma un récord 4% y caen violentamente las acciones de las petroleras

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El triunfo de la izquierda extremista provocó una rápida y previsible reacción negativa en los mercados financieros, que anticipan al próximo modelo económico del gobierno de Pacto Histórico.

El candidato Gustavo Petro terminó por imponerse en los comicios de Colombia y se convirtió en el nuevo presidente electo del país, y su sola victoria desató una profunda corrida contra la moneda, los bonos públicos y el mercado bursátil. Los mercados entraron en pánico tras buscar anticipar el efecto de las medidas que tomará el próximo Gobierno de la extrema izquierda.

Sólo en lo que va de la hornada del martes, el peso colombiano cayó un 4% de acuerdo a su paridad con respecto al dólar estadounidense, llegando a una cotización de $3.905 por dólar. Esta fue la devaluación diaria más pronunciada desde abril de 2020, en medio del peor momento económico de la pandemia.

De hecho, la mayor volatilidad de los mercados cambiarios es aún moderada en comparación a lo que se estima para los próximos 5 años. De acuerdo a la plataforma económica propuesta por Petro, la sola suspensión de los nuevos contratos petroleros en el país provocaría una violenta devaluación de entre el 30% y el 40%, y las proyecciones de mercado ya estiman un dólar en $7.000 para 2027.

La Bolsa de Valores de Colombia comenzó el día con una fuerte caída del 5,42%, lo que representa una retracción de 1.375 puntos básicos. Nuevamente, la caída de la bolsa es la más intensa registrada desde el año 2020.

Como era de esperarse, las acciones más afectadas fueron las concernientes a empresas petroleras. Los títulos de Ecopetrol, la petrolera más importante de Colombia y la segunda más grande en Latinoamérica, se derrumbaron violentamente hasta un 9,42% en las primeras horas de la apertura del martes.

La empresa ISA corrió la misma suerte y sus acciones cayeron casi un 9% en el día martes. Del mismo modo el Grupo Aval, un importante conglomerado que desarrolla diversas activades, retrocedió un 7,46% debido al ajuste de expectativas en torno a sus inversiones petroleras.

Los valores bursátiles se proponen reflejar el valor presente de los resultados futuros que promete una determinada empresa o actividad. El exguerrillero y ahora Presidente electo dejó muy clara su posición: la actividad petrolera buscará desmantelarse progresivamente, y la misma postura se alegó para la industria gasífera e incluso la minería. Se destruye así cualquier tipo de promesa de mayores resultados futuros para las industrias afectadas.

Los bonos externos emitidos por el Gobierno también sufrieron un impacto negativo y cayeron un 3,5% en promedio. Esto se debe al ajuste de expectativas por la pérdida de recursos en concepto de regalías petroleras y otros impuestos que derivan de la actividad. Cabe destacar que la exportación de hidrocarburos es actualmente la principal ventaja comparativa de Colombia frente al mercado internacional. 

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Colombia

El programa económico de extrema izquierda con el que Gustavo Petro llegó a la presidencia de Colombia

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Reforma agraria, estatización del sistema previsional, proteccionismo extremo y el desmantelamiento de la industria petrolera: Así es el plan económico de Gustavo Petro para Colombia.

Con el 50% de los sufragios válidos y logrando un margen de diferencia con respecto a Fernández, Gustavo Petro es electo presidente de Colombia. El exterrorista del Movimiento 19 de abril prometió llevar adelante una reforma económica estructural con perspectiva socialista, lo que significa un cambio radical en el modelo económico colombiano.

El programa de Petro se declara abiertamente “socialista y ecologista”, y propone dar marcha atrás con las reformas estructurales llevadas a cabo en la década de 1990 y acentuadas en la presidencia de Álvaro Uribe hasta 2010.

Expropiación de los fondos del sistema previsional

De la misma manera que se realizó en Argentina durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, Gustavo Petro propone destruir el sistema de capitalización individual de las Administradoras Privadas de pensiones (AFP). Este sistema había sido instalado a mediados de los 90s, con excelentes resultados en materia de poder adquisitivo de las pensiones.

Actualmente, los colombianos lograron acumular una suma por $357 billones en las cajas de previsión social privadas. Este dinero genera rendimientos para el pago de futuros haberes jubilatorios con intereses, y estimula fuertemente el mercado de capitales local generando crédito hipotecario y crédito para empresas de todo tipo.

Petro propone expropiar los $357 billones acumulados por los colombianos, para que formen parte de las arcas del Estado y financien el gasto público corriente, por ejemplo, en pensiones no contributivas o subsidios directos para la población (como ocurre en Argentina). En reemplazo al sistema actual, los cotizantes se verán brutalmente forzados a enviar sus ahorros a un sistema único y estatal, de la misma manera en que funcionaba antes de los 90s.

Reforma agraria

Gustavo Petro propone retomar el concepto de “función social” de la propiedad privada, dando así una justificación para su intervención. La principal propuesta de Petro consiste en instalar un elevado impuesto a cualquier propietario de más de 1.000 hectáreas de tierra. El objetivo manifiesto es incentivar la atomización de la tenencia de tierras, algo que según el propio Petro convertiría a Colombia en una “potencia agroindustrial”.

Petro retoma un viejo y obsoleto concepto de la “escuela Cepalina” que dominó la política económica de Latinoamérica a mediados del siglo XX, y pretende llevar adelante un incentivo para “industrializar” el país.

Sin embargo, la acumulación de tierras por parte de inversiones capital-intensivas es precisamente lo que permite, y de hecho permitió, incrementar la productividad. Los incentivos artificiales para la atomización de tierras aumentarán la proporción de la inversión trabajo-intensiva, deteriorando la productividad y la capacidad exportable.

Proteccionismo y revisión de los TLC firmados

Nuevamente siguiendo con la lógica de la vieja CEPAL hace más de 70 años, Petro propone una reforma arancelaria para elevar fuertemente los impuestos sobre productos elaborados. En particular, el programa implementará aumentos arancelarios en 4 ramas principales: alimentos, agroindustria con valor agregado, textiles y por último la indumentaria con confecciones de cuero.

El nivel de protección arancelaria nominal de Colombia ascendió al 6% en 2020, y con los cambios propuestos se volvería a un nivel cercano al que había en 2010, con casi el 12,5% de protección arancelaria promedio.

También se propone una revisión de los tratados de libre comercio firmados. Colombia posee acuerdos comerciales con la Unión Europea, el Mercosur, la Alianza del Pacífico, Canadá, Chile, Corea del sur, Costa Rica, Estados Unidos, Israel, México, El Salvador, Guatemala y Honduras.

Las renegociaciones de Petro implican el aumento de los aranceles máximos aceptados y la ampliación de las cláusulas para implementar restricciones cuantitativas. También se incluye un mayor endurecimiento regulatorio para restringir el ingreso de inversión extranjera directa (IED) en Colombia.

Desmantelamiento de la industria petrolera

Sin ningún reparo, el exguerrillero aseguró que su programa incluye el desbaratamiento de la industria petrolera en el país, siguiendo una agenda ecologista radical incluso en comparación a países desarrollados.

Este no fue un tema menor, pues actualmente la principal exportación de Colombia es el petróleo, y se transformó en la principal fuente de recursos para el Estado a partir de las regalías y la tributación local.

El programa incluye, como primera medida, la prohibición total de la Fracturación hidráulica o fracking, lo que supondrá un golpe violento para el potencial del sector. Junto con esto, se propone la prohibición de la exploración para buscar nuevos yacimientos de petróleo y gas, las empresas solamente podrán seguir explotando los recursos disponibles en la actualidad.  

En medio del delicado contexto económico a nivel internacional, las propuestas extremistas de Petro parecen irrealizables: Colombia no solamente perdería una oportunidad histórica para colocar hidrocarburos en el mercado externo, sino que incluso se verá obligada a importar grandes cantidades de estos productos para evitar un colapso energético similar al que se produce en Sri Lanka por políticas similares.

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Colombia

Colombia cae en las garras del comunismo: El ex terrorista Petro gana las elecciones y será el nuevo presidente

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El ex líder del M-19, Gustavo Petro, venció al empresario de centro Rodolfo Hernández, quien no pudo acortar la diferencia en balotaje.

A las 17 horas de este domingo 19 de junio, la diferencia de votos se hizo irremontable y por primera vez en la historia de Colombia, un candidato a presidente abiertamente de izquierda ganó las elecciones.

Con más de 11,2 millones de votos (50,5%), el ex líder guerrillero Gustavo Petro, candidato del Pacto Histórico, venció al empresario Rodolfo Hernández, que no pudo convencer ni al electorado de derecha ni el más moderado, y resultó derrotado con 10,5 millones de votos (47,3%).

Hubo un récord de casi 800.000 votos blancos/nulos, que excedió la diferencia de los dos candidatos, lo que marcó la victoria del comunista, quien en la recta final de la campaña llamó al centro a votar en blanco, estrategia que terminó beneficiándolo.

Rodolfo Hernández, mal llamado como el “Trump colombiano”, había hecho una campaña de outsider populista antes de la primera vuelta, con propuestas muy interesantes, que le ganaron un lugar en balotaje.

Sin embargo, en una notoria contratación de una consultora de marketing político para encarar la campaña para la segunda vuelta, Hernández moderó su discurso, y empezó a hablar de temas que generaron rechazo en los votantes conservadores, especialmente en videos que comenzó a subir en Tik Tok y Twitter.

Por ejemplo, ratificó su apoyo a la legalización de las drogas, una propuesta que cayó muy mal en un país como Colombia que fue dominado por el narcotráfico hasta la llegada de Uribe al poder.

Además, expresó su intención de realizar un acuerdo de paz con el grupo guerrillero comunista ELN, que está en guerra con el Estado colombiano desde la década del ’60 y es responsable de la muerte de decenas de miles de colombianos, incluida la hija del propio Hernández.

Una parte del electorado conservador uribista, que en primera vuelta le dio más de 5 millones de votos al centroderechista Fico Gutiérrez, no acompañó a Hernández en balotaje, materializando un claro desinterés con esta segunda vuelta electoral.

El ahora presidente-electo, Gustavo Petro, tiene un lamentable pasado en el grupo guerrillero M-19. Este grupo llevó a cabo múltiples ataques terroristas, asesinando tanto civiles como militares durante sus años de operación, entre 1977 y 1991, cuando firmó la paz con el Estado colombiano.

En esa firma de la paz, Petro, cuyo alias guerrillero era “Aureliano“, por el coronel Aureliano Buendía, personaje de la novela “Cien años de soledad“, del colombiano Gabriel García Márquez, y quien había estado preso por sus actividades terroristas, recuperó sus derechos políticos y se le permitió presentarse a elecciones.

Gustavo Petro: el paso por la guerrilla del M-19 del candidato a la  Presidencia de Colombia - Infobae
Gustavo Petro de joven, en la década del ’80, como uno de los líderes de M-19.

Ese mismo año ingresa como diputado por Cundimarca y luego renueva en 1998, pero esta vez por Bogotá. El cambio de jurisdicción no fue casual, ya que en 2006 es electo como senador por la capital y luego en 2012 se presenta y gana las elecciones como alcalde.

Su mandato estuvo plagado de denuncias por corrupción, incluso siendo cesado del cargo en 2014 durante un mes, hasta que es reintroducido por la Justicia. En 2015 completó su mandato con niveles de aprobación por el piso, y estuvo unos años alejados de la política, hasta que en 2018 se presenta como candidato a presidente.

A pesar de su fracaso electoral, perdiendo un balotaje contra el actual presidente Iván Duque, entra como senador y comienza a tejer el armado del Pacto Histórico, donde une su partido, Colombia Humana, a fuerzas socialdemócratas, ecologistas e indígenistas, agrupando a toda la izquierda colombiana bajo su candidatura.

El futuro de Colombia por los próximos 4 años quedará en manos de un verdadero comunista, viejo amigo de Hugo Chávez y admirador de Fidel Castro. Será la primera vez en la historia que Colombia tenga un presidente de izquierda, especialmente después de los últimos 20 años de uribismo.

Irónicamente, su candidatura contó con el respaldo de la Embajada de Estados Unidos, quien prefirió a un ex guerrillero comunista antes que a un “anti-político” como Rodolfo Hernández.

Entre sus propuestas, se nota que Petro es un fiel adherente a la Agenda 2030, y propone una transición energética de la matriz dependiente del petróleo y el carbón a las energías renovables. “Pondremos fin al extractivismo, prohibiremos la exploración y explotación de yacimientos no convencionales, detendremos los proyectos de fracking y el desarrollo de yacimientos en ultramar”, dijo en campaña.

También promueve el aborto, la ideología de género, cupos para movimientos indígenas, estatización de recursos naturales y otras medidas que la Casa Blanca demócrata ha empezado a ver con buenos ojos desde la llegada de Biden al poder en 2021, y como se vio apoyando en Chile y Honduras.

Sin embargo, también tiene las medidas más clásicas del comunismo. La propuesta central de su programa es una “reforma agraria y acuaria” para avanzar en materia de “igualdad en la tenencia y uso de la tierra“, garantizando el “derecho a la tierra para las familias rurales“.

Para lograr esta reforma agraria se desincentivarán los “multifundios improductivos en tierras fértiles” a través de impuestos de hasta el 80%.

“Propondremos al propietario del latifundio improductivo activar la producción de sus terrenos, pagar los impuestos correspondientes, o en última instancia, venderlos al Estado para que este a su vez lo entregue a las comunidades rurales“, dice el programa.

Petro propone una extensa cantidad de expropiaciones, pero ha insistido en declaraciones recientes, que prefiere usar la palabra “democratización“. “Jamás he pronunciado la palabra expropiación“, dijo durante el debate con ‘Fico’ Gutiérrez, aunque no se negó a “democratizar” empresas, tierras o recursos naturales.

En abril, Petro firmó en frente a un notario un documento en el que se compromete a no expropiar bienes de los colombianos, pero nuevamente, su plan de gobierno usa la palabra “democratizar” para lo que es en la práctica, lisa y llanamente, expropiaciones.

Petro también propone sustitución de importaciones, mediante una “política de aranceles inteligentes que estimule la vida, la generación de valor agregado, la competitividad y la industria nacional“. Esto generará una suba de los precios internos y escasez de bienes que no se producen localmente, como experimentó Argentina en los últimos 20 años.

Así, Petro propone revisar los Tratados de Libre Comercio, la política de derechos de propiedad intelectual y las condiciones hacia la inversión extranjera existentes, y anticipó que derogará todos los acuerdos que no vayan en línea con su visión “humanista” del país.

También propone subsidios al desempleo, subir el salario mínimo, y una brutal expansión del empleo público. “El Estado actuará como empleador de última instancia ofreciendo empleo a quienes puedan y quieran trabajar, pero no encuentran empleo en el sector privado, beneficiando principalmente a las y los desempleados, jóvenes, mujeres, trabajadores informales, las economías populares y los territorios”, dice el texto de gobierno.

En el centro de las políticas económicas propuestas por Petro se encuentra la promesa de avanzar hacia una “justicia tributaria con impuestos progresivos y equitativos“, con énfasis en “ir por los evasores“, y “eliminar todos los beneficios tributarios“.

Petro dice que espera aumentar la recaudación fiscal en un 5,5% del PBI, una pésima estimación que no tiene en cuenta el efecto Laffer, que indica que a mayor carga tributaria, un porcentaje de la población saldrá del mercado formal y dejará de pagar impuestos.

Por último, Petro propone subsidiar un sistema de salud “público y universal”, en el cual el acceso y la calidad de la prestación no dependan de la capacidad de pago de los clientes, según el programa. Analistas económicos aseguran que de implementarse este punto del programa, el Estado colombiano quebraría antes del fin del mandato.

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