La cancelación de 13 rutas aéreas entre México y Estados Unidos no fue una sorpresa. Fue la consecuencia directa de una cadena de decisiones que deterioraron la confianza bilateral en materia de aviación.
Para Era Calderón, CEO de Aviación Pro y conductora del podcast Era de Aviación, el problema viene de tiempo atrás. “Han habido decisiones en la industria aeronáutica que, pues, han mediado el impulso o el desarrollo de la aviación como quisiéramos.”

Una sanción con mensaje político
El Departamento de Transporte de Estados Unidos (DOT) justificó la sanción argumentando que México violó el convenio bilateral de transporte aéreo. La administración federal impuso restricciones unilaterales que afectaron la competencia.
Entre las medidas más criticadas están la suspensión de slots en el AICM y la obligación de trasladar las cargueras al AIFA, impuestas desde 2022.
El detalle más llamativo fue el plazo de 108 días que Washington otorgó para corregir las irregularidades. Es el mismo periodo que el gobierno mexicano impuso a las aerolíneas para reubicarse en el AIFA. Calderón considera que esta coincidencia no es fortuita:
Tiene mucho de simbólico; es como si dijeran: tú me diste 108 días, yo te doy los mismos.
El AIFA, símbolo de imposición, se convierte en boomerang
La medida revela más que una disputa técnica. Se trata de una represalia diplomática en toda regla. En lugar de responder con discursos, Estados Unidos sancionó con rutas suspendidas. Así, el AIFA, promovido como emblema de soberanía nacional, terminó convertido en un recordatorio de los riesgos de la improvisación política. Una decisión mal calculada escaló hasta convertirse en una tormenta geopolítica a 10 mil metros de altura.
