Cada año, Juan Gonzalo Ospina cruza el Atlántico varias veces. No es turismo ni networking: son casos urgentes, con clientes que no pueden esperar y fiscalías que exigen respuestas inmediatas. En menos de 48 horas puede reunirse con autoridades mexicanas por un delito fiscal, volver a Madrid para preparar una extradición y volar a Lima para cerrar una estrategia procesal.
En su firma lo describen de una manera que resume bien su modelo de trabajo: “si el caso lo exige, llega antes que nadie”.

Un despacho madrileño con ADN latinoamericano
Ospina es hispano-colombiano. Esa doble identidad, que para muchos es solo anecdótica, él la convirtió en ventaja competitiva. Entiende los sistemas judiciales de ambos lados del océano, se mueve con naturalidad en sus códigos culturales y actúa como puente entre empresarios, fiscalías y despachos en España y Latinoamérica.
Su firma, Ospina Abogados, es hoy una referencia en delitos económicos: fraude, blanqueo de capitales, estafas y operaciones internacionales bajo sospecha. En los últimos dos años, su equipo ha llevado asuntos en más de 15 países y en cuatro continentes.
Trabajan como una unidad. Si el caso requiere tomar un avión, lo hacen. Si implica entrar en zonas remotas, también.
Ospina ha cruzado México en jet privado para asistir a una audiencia. Ha volado en helicóptero en Colombia para llegar a zonas remotas. También ha recorrido los Andes peruanos por tierra para asistir a un empresario en apuros.

El origen: del ICAM a su propio proyecto
Antes de liderar su firma penalista internacional, Ospina fue presidente de los Jóvenes Abogados de Madrid en 2013. Más tarde, en 2016, integró la Junta de Gobierno del Colegio de la Abogacía de España.
Ese momento marcó el cambio. Dejó la vida institucional y se enfocó en crecer en lo que mejor domina: casos complejos, internacionales y con alta sensibilidad mediática.









