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Estados Unidos

A un año de Biden: Inflación galopante, fracasos legislativos y la pandemia en su peor momento

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El Partido Demócrata entra en crisis a tan solo un año de empezar su gobierno, con un lider que ostenta una desparobación histórica por parte de la población.

Este 20 de enero se cumple un año de la asunción del demócrata Joe Biden a la presidencia. A pesar de que había llegado a la Casa Blanca con mucho optimismo, habiendo sido el candidato a presidente opositor más votado de la historia y con amplio apoyo en ambos partidos, su gestión ha sido calificada como una de las peores de la historia.

Esto se traduce a números. Estados Unidos cerró su primer año con Biden a la cabeza con una masiva inflación del 7% anual, la suba de precios más alta desde el gobierno de Jimmy Carter, 40 años atrás.

En estos últimos 12 meses, el Congreso solo le aprobó una ley importante, el “American Rescue Plan Act” —una masiva ley de gasto público para “estimular” la economía— en marzo del 2021, y desde entonces ni siquiera se ha tratado en el recinto las otras decenas de mega-reformas que envió.

El mundo está en un nivel de conflicto que no se veía hace tiempo. Mientras que Trump había sido el presidente que más acuerdos de paz firmó desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, durante este último año se reanudaron las tensiones con Corea del Norte, Irán está cada vez más cerca de desarrollar una bomba atómica, y Rusia está a punto de invadir Ucrania.

Todo esto a parte del fracaso histórico de la retirada de tropas de Afganistán, en donde murieron 13 soldados estadounidenses; más que durante la retirada de Saigón de Vietnam, y donde por lo menos 200 civiles estadounidenses quedaron varados.

La pandemia a su vez está en el peor momento desde que salió de China a principios del 2020. Más estadounidenses murieron en 2021 durante la gestión de Biden que en 2020 con el gobierno de Trump, a pesar de que el demócrata disponía de la vacuna en toda su plenitud, de los hospitales preparados con respiradores y de novedosos tratamientos paliativos como anticuerpos monoclonales.

Ante este panorama, no sorprende que Biden ostente los peores números de aprobación de un presidente en la historia moderna del país. Solo un 33% de los estadounidenses aprueban o ven con imagen positiva su gobierno; una caída de 17 puntos en un año, ya que según las mismas encuestadoras, empezó su mandato con 50% de aprobación.

El presidente demócrata tiene un 67% de desaprobación por parte de la población, un número que es compartido por prácticamente todas las encuestadoras, incluso las ultra-demócratas Civiqs y Quinnipiac.

Estos números preocupan gravemente a los jerarcas del Partido Demócrata, puesto que este año hay elecciones de medio término, donde el Congreso deberá reelegir a todos sus diputados y a un tercio de los senadores.

Según el último distritaje en base al censo del 2020, los republicanos tienen una leve ventaja en cuanto a la cantidad de distritos seguros para su partido. Esto sumado a la pésima imagen que tiene Biden, ha llevado a la prensa norteamericana a hablar de una “Red Wave” (en relación a una ola de votos en favor de los republicanos), aunque siempre hay que considerar la posibilidad de un fraude electoral.

En 2021, hubo elecciones especiales en algunos Estados, y en ambos casos hubo una enorme “marea roja”. En Virginia, donde Biden había ganado tan solo meses atrás por más de 10 puntos, ganó para la gobernación el candidato trumpista Glenn Youngkin. En Nueva Jersey, donde Biden ganó por más de 20 puntos, el republicano Jack Ciattarelli, quedó a menos de 2 puntos de ganar el histórico Estado demócrata.

Biden es un fracaso por donde se lo mire, algo esperable para un presidente que llegó al poder sin legitimidad de origen tras haber ganado el voto del Colegio Electoral a través del fraude. Las denuncias de fraude en Georgia, Pensilvania, Michigan, Wisconsin, Arizona y Nevada todavía están siendo bloqueadas por autoridades demócratas o republicanas anti-Trump, pero ya casi no quedan dudas del masivo atraco a la democracia que impulsó la izquierda norteamericana.

Estados Unidos

La ideóloga de Black Lives Matter recibió 50.000 dólares por una charla de dos horas en la Universidad de Nueva York

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Nikole Hannah-Jones dijo que veia en la Cuba castrista el “mejor ejemplo de integración racial, el lugar mas igualitario y multiracial del hemisferio”.

La escritora Nikole Hannah-Jones, ampliamente considerada como la responsable de darle una columna vertebral ideológica a la organización supremacista negra Black Lives Matter, está aprovechando su fama para conseguir contratos millonarios en todo el mundo.

El caso más reciente es el de la Universidad de Nueva York, que le pagó más de 50.000 dólares para que dé una charla de dos horas en su auditorio a los estudiantes. En sus conferencias, divulga la controvertida “teoría crítica de la raza“, que trata de volver a explicar la historia de Estados Unidos desde el punto de vista del “racismo sistémico” y las “injusticias sociales“.

Todo esto lo incluyó en su libro The 1619 Project: A New Origin Story, publicado en 2021, donde trata de darle un cuerpo ideológico a las protestas de 2020 a través de un revisionismo histórico falso donde se ubica a “los negros” como los verdaderos fundadores de Estados Unidos.

Pero esto, sorprendentemente, es lo menos controvertido que ha dicho en toda su carrera. En sus disertaciones, da a Cuba como un país modelo de “inclusión multiracial” y recomienda aplicar el sistema cubano (en todos sus sentidos) en Estados Unidos. En otras palabras, defiende el comunismo.

Hannah-Jones promocionó a Cuba como un país con una “agenda de integración viable y suficientemente ambiciosa” en “temas de raza”. “En lugares que son verdaderamente países birraciales, Cuba tiene la menor desigualdad. Y eso se debe en gran parte al socialismo, que estoy segura de que nadie quiere escuchar”, argumentó.

Anteriormente escribió un artículo en The Oregonian en 2008 donde se jactaba de que Cuba tenía una tasa de alfabetización muy alta, una tasa baja de infección por VIH, educación universal y un sistema de atención médica universal “modelo” que ayudaba a los cubanos negros.

La delirante filósofa del supremacismo negro, también tuvo una postura completamente en favor de las cuarentenas, a pesar de que éstas afectaron principalmente a las personas de raza negra en Estados Unidos.

En enero de este año, respondió al tuit del presentador del podcast Coleman Hughes cuestionando por qué quienes argumentan que las leyes que piden presentar una identificación para votar son racistas mientras no argumentan lo mismo sobre las leyes de identificación de vacunas.

Hannah-Jones respondió: “Salir a comer no es un derecho constitucional. Basta“, aunque luego borró el tweet sin explicación, y luego tuiteó “Muéstrame dónde está ‘salir a comer’ en la Constitución“, tweet que esta vez no eliminó.

Nikole Hannah-Jones borró el tuit.

Poco después de que el presidente Biden afirmara que los negros que no votaran por él no eran “verdaderamente negros”, Hannah-Jones dijo estar de acuerdo con él, afirmando que ser “políticamente negro” era diferente de ser “racialmente negro”. .”

Hay una diferencia entre ser políticamente negro y ser racialmente negro. No estoy defendiendo a nadie, pero todos lo sabemos y deberíamos dejar de fingir que no lo hacemos“, escribió. Después puso otro tweet debajo diciendo que no estaba defendiendo a Biden, ampliamente vinculado a grupos de supremacismo blanco como el KKK, pero luego lo eliminó.

En junio de 2020, durante el apogeo de las protestas y disturbios de Black Lives Matter, tras la muerte del delincuente afroamericano George Floyd, Hannah-Jones hizo la controvertida afirmación de que la destrucción de propiedades no debe describirse como violencia.

“Y la violencia es cuando un agente del estado se arrodilla sobre el cuello de un hombre hasta que toda la vida se elimina de su cuerpo. Destruir la propiedad, que puede ser reemplazada, no es violencia. Y para poner esas cosas, para usar el mismo lenguaje para describir esas dos cosas, creo que realmente, no es moral hacer eso”, explicó en CBS News.

La afirmación fue ridiculizada en Twitter, ya que más tarde se informó que los daños causados ​​por las protestas de Black Lives Matter costaron a las ciudades al menos mil millones de dólares, y habían afectado principalmente a comunidades afroamericanas.

Uno de sus delirios más recientes ocurrieron en marzo, cuando Hannah-Jones respondió dijo en una entrevista para MSNBC que “las propinas son un legado de la esclavitud“.

Dejar propina es un legado de la esclavitud y, si no es opcional, entonces no debería ser una propina, sino simplemente estar incluida en la factura. ¿Alguna vez se ha detenido a pensar por qué damos propina, por ejemplo, por qué dar propina es una práctica en los EE.UU. y casi en ningún otro lugar?”, dijo.

Esto es completamente falso, y prácticamente todos los países del mundo, incluso en África, se deja propina en mayor o menor medida. Luego de esa entrevista, Hannah-Jones tuiteó lo mismo, pero más tarde eliminó el tweet, tras una catarata de críticas en la red social.

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Estados Unidos

La política de Biden en todo su esplendor: Estados Unidos atraviesa la peor escasez de leche en polvo para bebés de la historia

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Inflación, regulaciones excesivas, intervención estatal en el mercado y un gobierno corrupto crearon la fórmula perfecta para que Estados Unidos se quede sin leche en polvo para bebés.

En los últimos meses, miles de estadounidenses habían empezado a reportar que había desabastecimiento de leche en polvo para bebés. El gobierno ignoró estas denuncias y en varias conferencias de prensa, la vocera presidencial Jen Psaki trató esta situación de “conspiraciones de la extrema derecha”.

Pero hoy es una realidad que aqueja a los casi 4 millones de bebés nacidos en el último año. Millones de familias denuncian que la leche en polvo básica escasea, y que las leches en polvo con vitaminas, las más usadas por recién nacidos que necesitan el suplemento, directamente no se pueden encontrar en ningún mercado del país.

Desde ya, como nos dice la teoría económica, siempre que hay escasez de un producto, es porque hubo una intervención del Estado. Y una pequeña investigación nos permite llegar al núcleo de este problema: Joe Biden y el gobierno demócrata.

Desde la Casa Blanca aseguran que la reciente clausura de una fábrica en Michigan, tras encontrarse que la leche preparada tenía pequeños trazos del patógeno Cronobacter sakazakii, es la causante del desabastecimiento.

Sin embargo, hay cientos de fábricas en todo el país que producen uno de los productos más básicos del mercado. Además, estas “baby formulas” se retiran del mercado todos los años y nunca crearon un colapso en los supermercados ni requieren que las farmacias instauren un racionamiento de leche al estilo soviético. Así que algo más está pasando aquí.

Lo que está realmente de fondo aquí es un endurecimiento injustificado de las regulaciones para la leche en polvo, que ha derrumbado las importaciones de Europa. El año pasado, Biden instruyó a la FDA a que pusiera normas más estrictas para la mayoría de productos que salen de Europa.

Esto llevó a que por tecnicismos en el etiquetado, color del polvo o incluso el material utilizado en el empaquetado, la importación de prácticamente todas las marcas europeas fueron frenadas.

Esto no siempre fue así. Parece ser que hay un grupo de lobby de las empresas que hacen leche en polvo en Estados Unidos que están pidiendo hace años que se impongan mayores restricciones a los productos que llegan de Europa.

En 2019, este grupo de lobby intentó que Trump impusiera más regulaciones, pero luego de que un estudio del Instituto Nacional de Salud (NIH), tan venerado en estos días por la pandemia, encontró que muchas fórmulas europeas cumplen con las pautas nutricionales de la FDA y, de alguna manera, incluso podrían ser mejores que las fórmulas estadounidenses, porque la Unión Europea prohíbe ciertos azúcares, como el jarabe de maíz, y exige que las fórmulas tengan una mayor proporción de lactosa, Trump no dio lugar a los pedidos.

Pero este grupo no desistió y volvió a intentar con Biden, quien rápidamente accedió e impuso nuevas regulaciones en un mercado que ya estaba altamente regulado.

La escasez empezó a notarse a fines del 2021, cuando se empezaron a terminar los stocks generados durante el 2020, que vio un récord de ventas de leche en polvo, y las empresas estadounidenses no lograron cumplir con la producción que supliría la demanda para el año siguiente.

Entre la incertidumbre por la inflación, la recesión y el hecho de que en 2021 todavía había fuertes restricciones sanitarias que impedían el normal funcionamiento de las fábricas, las empresas que tienen el control de la producción de leche en polvo, fallaron en cumplir con la demanda.

La política de “baby formula” de Estados Unidos ha generado estragos en el mercado en los últimos años, una bomba que hace mucho tiempo está a punto de estallar

Desde la década del ’80, el Departamento de Agricultura tiene un grupo especial llamado WIC, abreviatura de Programa Especial de Nutrición Suplementaria para Mujeres, Bebés y Niños, que brinda una variedad de servicios a mujeres lactantes y sus niños pequeños. 

Desde el 2009, tras una serie de reformas introducidas por Obama, el WIC se convirtió en el mayor comprador de fórmula infantil en los Estados Unidos, y solo hace negocio con tres empresas, que rápidamente se hicieron con el control del mercado: Abbott, Mead Johnson y Gerber. Estas tres empresas representan el 95% de las ventas del mercado.

Un mercado interno oligopolizado por contratos preferenciales del Estado a sus empresas amigas, un fuerte bloqueo regulatorio a las importaciones impulsados por el lobby de estas mismas empresas, y un gobierno federal corrupto que permite todo esto. La fórmula exacta para la escasez de algo tan básico como leche en polvo para bebés.

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Cumbre de las Américas 2021: Estados Unidos analiza invitar a Maduro y Bolsonaro evalúa no asistir

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Seguridad Nacional y el Departamento de Estado debaten la invitación a Maduro mientras AMLO amenaza con faltar si no se lo invita y Bolsonaro si se lo invita. Se realiza el 6 de junio en California.

La Cumbre de las Américas 2021 ha de realizarse en Los Ángeles, California, del 6 al 10 de junio, luego de aplazarse el año pasado por el coronavirus, pero todavía las invitaciones no llegaron a las delegaciones, mientras el Departamento de Seguridad Nacional y el Departamento de Estado analizan los últimos detalles.

Como ocurre hace ya muchos años, varios dictadores del continente no iban a estar invitados. Entre ellos el dictador venezolano Nicolás Maduro, el dictador cubano Miguel Díaz-Canel y el dictador nicaragüense Daniel Ortega.

Sin embargo, los gobiernos de México y Argentina se unieron para enviarle una carta de queja a Washington, reclamando que quieren “una cumbre sin exclusiones“. El canciller argentino, Santiago Cafiero, incluso fue un paso más y pidió que no se excluya del G20 a Rusia.

Por su parte, López Obrador hizo un inusual viaje por Centroamérica, con reuniones sin tapujos con los dictadores de Cuba y Nicaragua. “Que las autoridades de cada país decidan libremente si asistan o no a dicho encuentro, pero que nadie excluya a nadie“, señaló en su viaje.

Si bien esta petición hubiera sido desestimada por lo absurdo en cualquier otro contexto, el gobierno de Biden ha entrado en un proceso de normalización de relaciones con Venezuela, enfocado en levantar su producción de petróleo y sustituir las ventas rusas.

Según varios medios locales, Biden no descarta invitar a Maduro, quien le expresó a sus asesores en una reciente visita a Caracas que lo que quiere es la aceptación de Washington de que su gobierno es legítimo.

Tanto Biden como Maduro están en un equilibrio fino. Se reúnen sus comitivas constantemente, se da luz verde para la explotación de petróleo de Chevron pero luego tienen que tensar para mantener la fachada. El chavismo recibe a un ministro iraní y Washington sigue mostrando niveles de apoyos relativos a la oposición venezolana.

Biden tiene una interna en su propia administración respecto a este tema. Fuentes muy cercanas a Washington confirman que la disputa es entre el Consejo de Seguridad Nacional que lidera Jake Sullivan y Anthony Blinken, cabeza del Departamento de Estado

La pelea en realidad es entre sus segundos, Juan González, principal asesor para América latina y el Caribe, y Brian Nichols, quien ostenta el mismo cargo para la región pero dentro del Departamento de Estado.

González, un colombiano con ciudadanía estadounidense que viene asesorando personalmente a Biden en asuntos latinoamericanos hace varias décadas, es uno de los promotores del avance en el vínculo con Caracas y, por consecuencia, está a favor de la invitación a Los Ángeles, mientras que Nichols, un funcionario de carrera que viene de la vieja escuela del Partido Demócrata, quiere evitarlo a toda costa.

La primera línea del Consejo de Seguridad Nacional (Jake Sullivan, Juan Gonzalez, entre otros) son partidarios de un deshielo con Venezuela y tienen el oído de Biden, pero la decisión final está en manos del Departamento de Estado, quien organiza en última instancia el evento.

En todo este caos, Jair Bolsonaro levantó la voz, y anunció que si los dictadores de Cuba, Venezuela o Nicaragua pisan Los Ángeles, él no tiene nada que hacer allí. Sin embargo, reportes indican que Bolsonaro no confirmaría su asistencia incluso si se garantiza que los dictadores comunistas no irán.

Su tensa relación con Joe Biden y su descontento por la decisión del líder demócrata de derribar el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Brasil que había casi sellado con Trump, son los catalizadores.

Bolsonaro fue uno de los últimos mandatarios del mundo en felicitar a Biden por haber ganado la elección, mientras esperaba que el Colegio Electoral se expida sobre el evidente fraude electoral que hubo en 2020. Sin embargo, ese tweet del 15 de diciembre del 2020, fue su primer y último contacto directo con el presidente demócrata.

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