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Estados Unidos

Después de 3 años y de llamar “loco” a Trump, la Casa Blanca admite que el COVID se fugó de un laboratorio chino

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Un informe de la Oficina de Inteligencia de la Casa Blanca, citó una investigación del Departamento de Estado confirmando que el SARS-CoV-2 se filtró del Laboratorio de Virología de Wuhan.

Este domingo, el Departamento de Energía de los Estados Unidos concluyó en un informe clasificado que le entregó a la oficina presidencial y a miembros de inteligencia del Congreso que la pandemia del COVID-19 surgió de una fuga del Laboratorio de Virología de Wuhan, en China.

El informe es parte de un documento más grande que preparó la oficina de la Directora de Inteligencia Nacional, Avril Haines, tras un pedido del Senado de los Estados Unidos que pidió que la Casa Blanca investigue con mayor rigurosidad el origen de la pandemia.

Si bien el Departamento de Energía, que supervisa la red de laboratorios nacionales de los Estados Unidos y por eso quedó a cargo de liderar esta investigación, dijo que no podía determinar cómo surgió el virus en una primera pesquisa en 2021, esta semana cambió la conclusión y dijo que podía asegurar que fue una fuga, según publicó en un artículo el Wall Street Journal.

El Departamento de Energía emitió su juicio con “baja confianza“, según las personas que leyeron el informe clasificado, pero la conclusión es final y asegura que el régimen comunista en China es responsable de iniciar la pandemia.

Ya el FBI había llegado previamente a la misma conclusión de que la pandemia fue el resultado de una fuga de laboratorio en 2021, aunque ellos con “confianza moderada” y aún mantiene esta opinión.

El FBI contrató un equipo de microbiólogos, inmunólogos y otros científicos del sector privado, quienes trabajaron con el apoyo del Centro Nacional de Análisis Bioforense, para investigar los protocolos de seguridad del Laboratorio de Wuhan. Según este estudio, el virus fue creado allí y se fugó “por error”, lo que llevó al Partido Comunista Chino a encubrir la filtración.

Por su parte, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) sigue “indecisa” si la pandemia comenzó por una fuga de laboratorio o por transmisión natural. A pesar de los diferentes análisis de las agencias, la actualización reafirmó los comentarios del ex presidente Donald Trump quien fue tratado de “loco” por decir lo que ya dos agencias del Estado confirmaron, bajo la administración de Biden.

El asesor de seguridad nacional de EE.UU., Jake Sullivan, se negó a confirmar o negar los informes del Journal en una aparición el domingo en CNN. Dijo que el presidente Biden había ordenado repetidamente a cada parte de la comunidad de inteligencia que invirtiera en tratar de discernir tanto como fuera posible sobre los orígenes de la pandemia.

El presidente Biden solicitó específicamente que los laboratorios nacionales, que son parte del Departamento de Energía, se incluyan en esta evaluación porque quiere utilizar todas las herramientas para poder descubrir qué sucedió aquí”, dijo el Sr. Sullivan.

Hay una “variedad de puntos de vista en la comunidad de inteligencia”, agregó Sullivan. “Varios de ellos han dicho que simplemente no tienen suficiente información”. Sin embargo, no mencionó a los que aseguran tener la suficiente información como para concluir que fue una fuga.

El senador republicano de Alaska, Dan Sullivan, dijo el domingo que el Congreso necesitaba realizar audiencias extensas sobre los orígenes de la pandemia, y agregó que China ha tratado de intimidar a otros países para que no cuestionen si el virus surgió naturalmente o en sus laboratorios. “Estamos hablando de un país que no tiene ningún problema en salir y mentirle al mundo”, dijo.

El virus Covid-19 circuló por primera vez en Wuhan, China, a más tardar en noviembre de 2019, según un informe de inteligencia de Estados Unidos que se desarrolló en conjunto con la OMS. China, por el contrario, asegura que la circulación empezó a fines de diciembre de ese año. Ya en algo tan fácil de determinar cómo cuándo se registró el primer caso en sus hospitales, el régimen chino miente.

Esto es un dato importante, ya que el Partido Comunista Chino se negó a cerrar sus vuelos al exterior durante el Año Nuevo Chino del 2020 (25 de enero del 2020) porque todavía no tenía confirmación de que el coronavirus se transmitiera por el aire. Según el reporte de Occidente, desde noviembre, el virus estaba en circulación y desde diciembre China sabía cómo se transmitía.

Si bien está abierto a debate si el virus fue filtrado a próposito para causar una pandemia, el informe de 2020 y el de este fin de semana, confirman que el virus se fugó de sus laboratorios estatales y además China permitió que una potencial epidemia se convierta en la peor pandemia en siglos.

Estados Unidos

Enloqueció Biden: El presidente de EEUU busca sancionar al jefe de las Fuerzas de Defensa Israelíes por combatir al terrorismo

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El gobierno de Biden sancionó al principal financista de Netanyahu en Israel y, según se informa, evalúa expandir las sanciones contra las FDI, que están peleando contra el terrorismo palestino.

Según un informe publicado por Axios, el presidente Joe Biden está preparando una resolución para sancionar económicamente a Herzi Halevi, el actual jefe de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), por sus acciones contra los terroristas vinculados al grupo palestino Hamás.

Particularmente, el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Antony Blinken, está analizando las acciones del batallón israelí “Netzah Yehuda” en la región de Cisjordania para combatir a los terroristas palestinos, antes del ataque del 7 de octubre.

Si se imponen sanciones, el batallón y sus miembros ya no recibirían ningún tipo de entrenamiento o asistencia del ejército estadounidense, y el comandante Halevi no podría viajar más a Estados Unidos o países aliados. Se trataría de la primera vez en la historia que Estados Unidos impone sanciones contra Israel.

Según las fuentes, Blinken está analizando aplicar la Ley Leahy, que prohíbe a Estados Unidos proporcionar cualquier tipo de ayuda exterior o capacitación militar a países responsables de presuntas violaciones de derechos humanos basadas en información creíble.

Si bien el canciller norteamericano rechazó preguntas sobre el tema, recalcó el viernes que “la Ley Leahy es muy importante y se debe aplicar en todos los ámbitos“, y confirmó que la Casa Blanca está analizando el tema.

“Cuando hacemos estas investigaciones, estas indagaciones, es algo que lleva tiempo, que debe hacerse con mucho cuidado tanto al recopilar los hechos como al analizarlos, y eso es exactamente lo que hemos hecho”, dijo. “Y creo que es justo decir que verán resultados muy pronto. He tomado determinaciones; pueden esperar verlas en los próximos días“, completó.

La semana pasada, la administración de Biden impuso sanciones al principal financista de Benjamin Netanyahu en Israel, el empresario Ben-Zion Gopstein, fundador y líder del grupo de derecha Lehava. El grupo promueve los asentamientos judíos en Judea y Samaria y tiene alrededor de 5.000 miembros en el país.

Según la Casa Blanca demócrata, los grupos vinculados a Gopstein cometieron actos de violencia contra palestinos, pero no se presentaron evidencias y se especula que Biden está utilizando esto como excusa para imponerle sanciones a los empresarios que apoyan a Netanyahu.

Cabe recordar que el Partido Demócrata de los Estados Unidos apoya políticamente a Yair Lapid, principal líder opositor a Netanyahu. Lapid se convirtió en el primer opositor de la historia en rechazar unirse al Gabinete de Guerra de Israel, algo que siempre ocurre cuando el país entra en un conflicto armado, para mostrar unidad en momentos de extrema peligrosidad.

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Estados Unidos

El Congreso de EEUU aprueba la mayor ayuda militar desde la Segunda Guerra Mundial: US$ 95 mil millones para Ucrania, Israel y Taiwán

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Los republicanos le entregaron al presidente Joe Biden un regalo de 95 mil millones de dólares el sábado por la tarde, revirtiendo su promesa de meses de no avanzar nunca en la ayuda exterior sin antes asegurar la frontera de Estados Unidos.

La Cámara de Representantes de los Estados Unidos aprobó este sábado el mayor paquete de ayuda militar de la posguerra, una transferencia de una magnitud que no se veía desde las ayudas que enviaba Roosevelt al Reino Unido en plena Segunda Guerra Mundial.

Con el apoyo de la totalidad de los diputados demócratas, y de varios republicanos anti-Trump, el Congreso aprobó un paquete de US$ 95.000 millones de dólares para asistir a tres naciones aliadas de los Estados Unidos que están en guerra.

La votación resultó aprobada por 316 votos positivos contra 94 negativos, y fue remitida al Senado, donde el líder republicano Mitch McConnell confirmó que un grupo de senadores conservadores votarán con los demócratas para aprobarlo en tiempo récord y que llegue al despacho del presidente Joe Biden esta misma semana.

El mayor beneficiario del paquete es Ucrania, que recibirá US$ 60.800 millones de dólares en equipamiento militar, asistencia financiera y ayuda humanitaria en su guerra contra Rusia, que el próximo mes cumple 2 años y medio de conflicto sin tregua.

El segundo beneficiario será Israel, que recibirá US$ 26.400 millones de dólares, principalmente para reponer los misiles del Domo de Hierro, para entregar ayuda humanitaria en Gaza y para prepararse para lo que parecería ser un conflicto abierto con Irán.

Por último, Taiwán recibirá US$ 8.120 millones de dólares. La isla está entrando en un conflicto cada vez más caliente con la China comunista, y su inclusión en el programa fue pedido por un grupo de republicanos a cambio de votar afirmativamente.

Los diputados trumpistas aseguran que esta ayuda involucra innecesariamente a los Estados Unidos en tres guerras que le son ajenas. La legisladora Marjorie Taylor Greene dijo que esta medida pone al mundo un paso más cerca de la Tercera Guerra Mundial.

Este tipo de ayudas confirman que hay un mundo en guerra, en tres frentes distintos, y que los Estados Unidos está dispuesta a llevar a todo el resto del mundo a la guerra en vez de enfocarse en sus propios problemas“, aseguró la representante de Georgia.

Los trumpistas creen que los conflictos entre Ucrania y Rusia, entre Israel e Irán, y entre Taiwán y China, deben ser resueltos a través de la diplomacia, y de la contundente posición que Estados Unidos tendría que tener como policía del mundo, y que enviarles dinero solamente fomenta que los conflictos se extiendan en el tiempo.

Ni Rusia se hubiera animado a atacar a Ucrania, ni Irán a Israel si yo fuera Presidente“, dijo recientemente Trump en un discurso de campaña. “Y definitivamente China no se va a animar a atacar a Taiwán si yo vuelvo a ser presidente, eso se los puedo garantizar“, sentenció.

A su vez, aseguró que “la crisis de los Estados Unidos está ocurriendo adentro de Estados Unidos, no en la otra punta del mundo” y que “los inmigrantes están invadiendo la frontera sur y el Congreso se niega a aprobar un paquete de ayuda para nuestra magnífica Guardia Nacional“.

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Economía

¿Nueva guerra comercial con China? Biden apunta a triplicar los aranceles para la importación de acero y aluminio

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La administración Biden amenaza con lanzar una nueva ofensiva arancelaria contra el ingreso de productos chinos, una maniobra que podría conducir a una pronta respuesta por parte del gigante asiático.

El giro proteccionista de la Casa Blanca bajo la presidencia de Joe Biden se hace cada vez más evidente. Pese a prometer lo contrario en su campaña electoral, Biden promete redoblar los aumentos tarifarios contra China y otros países del mundo.

Hasta ahora, las medidas proteccionistas del Gobierno se focalizaron en subsidios encubiertos, como por ejemplo los dispuesto en la llamada “Ley de Reducción de la inflación” del 2021. Pero esta vez se estudia abiertamente un nuevo rediseño del sistema arancelario.

El Presidente Biden propuso triplicar el arancel de importación para el acero y el aluminio provenientes de China, del 7,5% al 25%. Esta resolución amplía una anterior que ya había adoptado el expresidente Donald Trump, en virtud de la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial (establecida en 2018). Pero la ley sancionada durante la administración anterior sólo alcanzaba a unos productos específicos, y la propuesta de Biden es generalizar el aumento arancelario sin excepción en todo el sector.

Estados Unidos se constituye actualmente como el cuarto productor mundial de acero, mientras que China ocupa el primer lugar. Semejante participación en el mercado haría muy efectivo el impacto de un arancel sobre la importación de China (con beneficios positivos para la industria local), pero este tipo de medidas resultan en su mayoría estériles, debido a que se espera una pronta respuesta por parte de China y la situación volvería al punto de inicio (o aún peor debido a la persistente volatilidad).

Siguiendo el mismo patrón, la administración Biden intervendrá deliberadamente en la adquisición de US Steel por parte de inversores japoneses, un acto populista y desesperado en medio del clima de la campaña electoral.

Asimismo, el Presidente Biden propuso incrementar los aranceles para la importación de madera canadiense del 8% al 14%, sin ningún tipo de justificación convencional. Esto supone un golpe hacia uno de los mayores socios comerciales de Estados Unidos en la región.Queda en evidencia que la política comercial de Biden no se limita exclusivamente a China.

Biden despliega este paquete de propuestas como respuesta a las medidas prometidas por Trump, entre las cuales se encuentra el establecimiento de un arancel universal del 10% sobre todas las importaciones, y una tasa especial del 60% sobre todas las importaciones de China.

Como es de amplio conocimiento, la dictadura comunista en China se negó a cumplir con la liberalización total de su mercado de divisas, un requisito al que se había expresamente comprometido tras su ingreso a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en el año 2000. En lugar de ello, solo se dio lugar a una serie de desregulaciones parciales y progresivas que, hasta el momento, no llegaron a desembocar en un mercado libre.

Las políticas proteccionistas se utilizaron como una medida coercitiva para forzar la liberalización cambiaria de China durante la administración de Donald Trump, aunque una vez finalizada la guerra comercial (2018-2020) se llegó a un nuevo status-quo sin mayores cambios en esta materia y con aranceles más elevados entre ambos países (la relación final entre ellos favoreció ligeramente a Estados Unidos).

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