El Congreso Federal de la AfD alemana, celebrado el pasado fin de semana en Erfurt, envió un mensaje claro: el partido está unido, fortalecido y preparado para una nueva etapa política.
Los delegados renovaron de manera contundente su confianza en Alice Weidel y Tino Chrupalla, quienes fueron reelegidos como copresidentes de la AfD con el 81 % y el 70 % de los votos, respectivamente. Este resultado refleja no solo la estabilidad interna de nuestro partido, sino también la consolidación de un movimiento político que continúa creciendo mientras los partidos tradicionales pierden de forma constante la confianza de los ciudadanos alemanes. Al mismo tiempo, los delegados eligieron un Comité Ejecutivo Federal considerablemente más joven, demostrando que la AfD no solo se prepara para las próximas elecciones, sino también para la próxima generación política.
Esto no es una casualidad. Alemania atraviesa una profunda crisis de liderazgo. Años de políticas equivocadas en materia de inmigración, energía y economía han dejado a muchos alemanes con la sensación de haber sido abandonados por el establishment político. La pérdida de competitividad industrial, el aumento de la inseguridad, el creciente costo de la vida y una burocracia europea cada vez más intrusiva han alimentado una demanda creciente de cambio político.
En este contexto, la AfD ha evolucionado de ser una fuerza política emergente a convertirse en la principal alternativa de gobierno en Alemania. Las encuestas nacionales sitúan actualmente a nuestro partido en torno al 30 %, por delante de las fuerzas que han dominado la política alemana durante décadas. Lo que hace apenas unos años era descartado por muchos, hoy se ha convertido en una posibilidad real: el próximo gobierno federal de Alemania estará liderado por la AfD.













