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Cuando la casta política le teme a la democracia

Cuando la casta política le teme a la democracia
Cuando la casta política le teme a la democracia.
Imagen de Markus Buchheit
porMarkus Buchheit
Opinión

Por Markus Buchheit, eurodiputado alemán (AfD - Grupo ESN)

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En Europa nos hablan constantemente de democracia, pluralismo y libertad política. Son palabras que escuchamos todos los días en Bruselas. Sin embargo, cuando millones de ciudadanos votan por partidos que cuestionan la inmigración masiva y las políticas ideológicas promovidas por los burócratas europeos, esos mismos principios parecen perder repentinamente toda importancia.

En los últimos días, las instituciones de la Unión Europea han lanzado un nuevo ataque contra ESN (Europa de Naciones Soberanas), el grupo parlamentario al que pertenece la AfD (Alternativa para Alemania), el partido que actualmente lidera todas las encuestas de intención de voto en Alemania. A través de procedimientos iniciados por la Autoridad para los Partidos Políticos Europeos y las Fundaciones Políticas Europeas (APPF), el objetivo es evidente: privarnos de nuestro reconocimiento oficial y de los recursos que nos corresponden como fuerza democrática representada en el Parlamento Europeo.

No se trata de una disputa administrativa. Se trata de algo mucho más profundo.

Los burócratas europeos están descubriendo que cada vez más ciudadanos ya no creen en su proyecto político. Alemania, Francia, Austria, Italia y muchos otros países muestran la misma tendencia clara: millones de personas exigen la recuperación de la soberanía, el control de la inmigración, la defensa de sus identidades nacionales y el fin de décadas de políticas impuestas desde arriba por una clase dirigente desconectada de los problemas reales de la gente.

Frente a esta realidad, Bruselas tiene dos opciones: escuchar a los ciudadanos o intentar silenciarlos. Lamentablemente, parece haber elegido la segunda.

Lo verdaderamente alarmante es que los argumentos utilizados contra los soberanistas son cada vez más vagos. Ya no se nos acusa de violar ninguna ley; se nos acusa de no compartir ciertos "valores políticos" definidos por quienes ostentan el poder. En otras palabras, el problema no es lo que hacemos; el problema es que no pensamos de la manera en que ellos quieren que pensemos.

Ese camino es fundamentalmente incompatible con los valores democráticos.

Si determinadas posiciones políticas pueden ser declaradas inaceptables de manera arbitraria por unos pocos políticos y burócratas desde sus escritorios, entonces los ciudadanos dejan de ser libres para elegir entre alternativas reales.

Pero este debate no afecta únicamente a las fuerzas soberanistas y patrióticas de Europa. Los argentinos lo entienden muy bien. También los chilenos, los colombianos y los mexicanos, por mencionar algunos ejemplos.

A ambos lados del Atlántico estamos presenciando el mismo fenómeno: cada vez que movimientos de derecha comienzan a crecer, aparecen campañas mediáticas, intentos de censura y mecanismos institucionales destinados a limitar su avance. Las herramientas pueden variar. La lógica sigue siendo exactamente la misma.

Lo que está ocurriendo hoy en Bruselas contra ESN (Europa de Naciones Soberanas) no es simplemente un asunto europeo. Forma parte de una lucha más amplia entre quienes creen en la soberanía de las naciones y quienes consideran que las decisiones deben concentrarse en estructuras cada vez menos sometidas al control de la gente.

Bruselas puede intentar excluirnos, estigmatizarnos y privarnos de recursos. Pero no puede borrar una realidad que se vuelve más evidente con cada elección: millones de alemanes y millones de europeos quieren un cambio, y ningún establishment político, ninguna burocracia y ninguna casta gobernante podrán detenerlo.


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