El dato es brutal y debería avergonzar a cualquiera que todavía defienda el statu quo. En la Universidad Nacional de La Plata, el 51% de los alumnos de Medicina son extranjeros. En la UBA, la cifra ronda el 40%. No se trata de un puñado de casos aislados. Es una proporción estructural que convierte a una de las carreras más caras del sistema público en un subsidio masivo a personas que no van a dejar un solo peso en impuestos una vez recibidos.
Esto ocurre mientras el 28,2% de los argentinos vive bajo la línea de pobreza. Familias que pagan IVA cada vez que compran pan, leche o carne están financiando, sin haberlo decidido, la formación de médicos que después regresan a sus países o emigran a lugares donde sí les pagan. No es solidaridad. Es una estafa organizada con plata de los que menos tienen.











