Su ruptura con el ala izquierda del Kuomintang llevó a que aquéllos se refugiaran en el Partido Comunista Chino, fundado en 1921, y participaran en cuanta conspiración surgiera para deponer al Generalísimo. Con ello, más sus enfrentamientos contra caudillos locales, que no deseaban someterse al gobierno central; y la amenaza japonesa, que desde Corea aguardaban para asaltar en el momento más propicio, caracterizaron a la llamada “Década de Nankín”. Los apremios económicos del gobierno de Chiang, el cansancio de la población a las movilizaciones permanentes, desde la caída de los Qing; así como algunos rasgos autoritarios en su gestión, minaron su popularidad. En Shangai, por ejemplo, impuso un empréstito forzoso a sus comerciantes, para sostener el esfuerzo bélico.
Como logros de este período, podemos citar: la adopción del sistema métrico decimal de pesos y medidas; así como del calendario solar; la modernización de la administración pública, con la ayuda de algunos asesores extranjeros; la simplificación del régimen tributario; mejoras en el sistema catastral de propiedades, para aumentar la recaudación; aumento en los sueldos de los funcionarios públicos, para combatir la corrupción: la proyección de nuevos ferrocarriles, rutas y conexiones aéreas. Con todo, su autoridad era sólo obedecida en cinco provincias.
Los comunistas, bajo la conducción de Chou En Lai y de Mao Zedong se hicieron fuertes en las áreas del país que les respondían y establecieron su capital en Wuhan (célebre por haber sido el lugar del surgimiento de la pandemia del Coronavirus, casi 100 años después). En 1927, fundaron el Ejército Rojo Chino; después llamado Ejército Popular de Liberación, como es la denominación oficial del actual ejército de la República Popular China. Chiang tenía su capital en Nankin y lo que quedaba de los Señores de la Guerra, la tenía establecida en Pekín. Poco tiempo después, Chiang barrería a éstos últimos y tomaría Pekín.













