Cuando los argentinos creemos que viene una crisis, quienes podemos hacerlo empezamos a armar un colchoncito en dólares. Ahorramos, compramos dólares y dejamos de consumir o invertir para proteger a nuestras familias frente a una eventual crisis.
Después de las elecciones 2025, cuando comenzó a confirmarse que no iba a ocurrir una catástrofe, empezamos a hacer exactamente lo contrario. Dejamos de acumular ese colchoncito y empezamos nuevamente a consumir. También disminuyó la salida de capitales y algunos recursos comenzaron a regresar. Eso fue lo que vimos durante el primer trimestre de este año. Hubo mayor financiamiento para la demanda interna y recuperación del consumo postergado por miedo.
Por eso la actividad y el consumo alcanzaron niveles récord durante ese período.
Además, las provincias podían colocar bonos en el exterior, las empresas emitían obligaciones negociables y había recursos disponibles en el mundo.
Qué cambió en el segundo trimestre
Durante el segundo trimestre tuvimos una recesión fuerte que se extendió hasta julio. Probablemente eso haga que técnicamente el tercer trimestre también termine siendo negativo y podamos hablar de recesión.
Desde el punto de vista de la realidad económica, sin embargo, creo que algunas de las causas que provocaron esa caída ya empiezan a superarse. Agosto y septiembre deberían mostrar mejores números y comenzar una tendencia de recuperación.
Uno de los factores que explicó la caída fue el fuerte aumento de la incertidumbre internacional. Cuando aumenta el riesgo en el mundo, los inversores primero dejan de colocar dinero en países de alto riesgo. Y ahí, naturalmente, la Argentina levanta la mano. Después buscan reducir el riesgo de sus carteras y venden activos de esos países.










