Hay cosas que ni los más optimistas imaginábamos que podían suceder. La enorme mayoría de los economistas argentinos y del mundo, si el 10 de diciembre de 2023 nos hubieran dicho que este gobierno iba a tener déficit cero, hubieran contestado que era imposible. Y mucho menos hubieran creído que ese déficit cero se iba a lograr mayormente bajando el gasto y con poco aumento de la presión tributaria. Históricamente, los aumentos de impuestos fueron la forma en la que se achicaron los déficits en la Argentina. Esto no es menor, porque el que gastaba de más era el Estado; pero se obligaba a hacer el ajuste a quienes producen la riqueza del país, lo que hacía más difícil salir de la recesión.
Creo que los únicos que podían imaginar algo semejante eran quienes en ese momento estaban dentro del Gobierno, el Ministerio de Economía y quienes estaban detrás de ese programa.
Tampoco creo que alguien hubiera imaginado la cantidad de medidas de desregulación y reforma del Estado que se hicieron, teniendo en cuenta el escaso poder político con el que asumió Javier Milei.
Milei llegó al Gobierno con un poder político muy inferior al que había tenido Mauricio Macri. No tenía gobernadores, no tenía intendentes y contaba con una representación muy reducida dentro del Congreso. Pese a esa inferioridad, hubo reformas que consiguieron pasar por el Congreso: La Ley Bases quizás no fue tan buena como aquella primera propuesta que se intentó aprobar, pero igualmente significó un avance fenomenal, conseguido con un escaso poder político tanto dentro como fuera del Congreso.
Si uno compara ese poder político con el que tenía Macri y lo poco que se avanzó en su gestión, realmente cuesta imaginar que todo lo que se hizo hasta ahora pudiera hacerse. De todas formas, es justo reconocer el apoyo brindado por Juntos por el Cambio. Estamos hablando de reforma del Estado, desregulación y equilibrio fiscal. Y a eso hay que agregarle algo que también ocurrió mucho más rápido de lo que la mayoría esperaba: la desaceleración de la inflación. Solamente los más optimistas habían pronosticado una baja de la inflación semejante a la que finalmente se terminó dando.
La independencia del Banco Central como garantía institucional
Por otro lado, la reforma de la carta orgánica del Banco Central es fundamental. Porque es muy importante que el Banco Central tenga una verdadera independencia del Poder Ejecutivo. El problema aparece cuando el poder político trata de imponerle al presidente o al directorio del Banco Central decisiones que quienes conducen la institución consideran equivocadas y que, además, pueden estar prohibidas por la propia Carta Orgánica. Eso es justamente lo que la actual Carta Orgánica no garantiza suficientemente.
No hay que olvidarse de que el Banco Central es el que emite nuestra moneda. Por lo tanto, cada vez que se degrada su patrimonio, como ocurrió tantas veces, también se está degradando el respaldo de esa moneda.
Algunos dicen que una ley puede ser modificada por otra ley. Es cierto. Pero un futuro gobierno que quiera volver a utilizar el Banco Central para estafarnos con el impuesto inflacionario y financiar excesos de gasto tendrá que cambiar esa ley, y eso obligará a dar una discusión pública.
Ahí dependerá de la madurez cívica de los ciudadanos argentinos. Si nosotros masivamente defendemos la independencia del Banco Central y decidimos que no queremos que nos vuelvan a estafar, el costo político que tendrá que pagar un gobierno que intente hacerlo será altísimo.
Otros países también atravesaron la decadencia
Pero hay algo más profundo que deberíamos entender: Los argentinos solemos considerarnos el ombligo del mundo y la verdad es que somos un país perdido en el sur. También pensamos que todo lo que nos ocurrió a nosotros nunca sucedió en ningún otro lugar. Y no es así.









