La caída de los pilares de la cultura tradicional parece no tener fin. Se ha confirmado que la actriz y creadora negra Quinta Brunson desarrollará y protagonizará un largometraje sobre Betty Boop, un proyecto gestado en las entrañas de Fifth Chance Productions y Fleischer Studios. Esta alianza, que cuenta con la incomprensible complicidad de Mark Fleischer, nieto del creador original, pretende diseccionar la relación entre el artista Max Fleischer y su creación.
Sin embargo, el trasfondo es puramente ideológico: la productora de Brunson, definida como una entidad liderada por mujeres, confiesa sin ambages que su enfoque primordial son las voces diversas, lo que en la práctica supone supeditar la calidad y la fidelidad histórica a las cuotas raciales del activismo moderno.

El ataque al personaje no es sutil. La propia Brunson ha declarado cínicamente que la historia de este ícono de 1930 será «explorada de una manera refrescante, subversiva y atemporal». Esta retórica de la «subversión» es la herramienta predilecta de la izquierda para desmantelar clásicos: se toma una figura que apareció en más de 100 dibujos animados durante la Era del Jazz y se la vacía de su esencia para convertirla en un panfleto político.
Lo que durante décadas fue la primera y única superestrella femenina independiente de la animación, ahora corre el riesgo de convertirse en un experimento de deconstrucción similar al que sufrieron otras marcas bajo el yugo de la corrección política.









