Los argentinos han dicho basta a la explotación de sus recursos públicos por parte de quienes no solo no contribuyen, sino que desprecian nuestra identidad. El reclamo por el arancelamiento de la salud y la educación para extranjeros explotó de manera definitiva tras la final del Mundial 2026, donde la Selección Argentina fue víctima de una “maniobra” institucional y arbitral para impedir que Lionel Messi levantara otra copa. Este hartazgo social se profundizó al conocerse que el ataque al país fue una “mega campaña internacional”, denunciada como pagada y financiada desde el exterior.
En sintonía con el mandato de orden y justicia del pueblo argentino, el Gobierno nacional de Javier Milei ya habilitó por decreto el cobro de aranceles a extranjeros no residentes en la salud y la educación.

Actualmente, la aplicación efectiva de esta medida depende de la voluntad política de cada gobernador y de las autoridades provinciales, quienes tienen en sus manos la posibilidad de destinar esos recursos “prioritariamente a los argentinos”.
La indignación alcanzó su punto de ebullición tras la viralización de videos y publicaciones de estudiantes extranjeros, muchos de ellos inscriptos en la Universidad de Buenos Aires (UBA), quienes festejaron la derrota argentina ante España. Lo que comenzó como una chicana deportiva escaló a “burlas explícitas vinculadas a la Causa Malvinas, la memoria de los caídos y otros símbolos nacionales”.

Resulta intolerable que, mientras tienen “acceso sin costo a la educación universitaria pública” financiada por el contribuyente argentino, estos individuos le falten el respeto al país que los cobija. Ante esto, miles de usuarios exigen la expulsión de los involucrados o la quita inmediata del beneficio de gratuidad.











