La política cordobesa entregó el fin de semana una postal tan llamativa como inesperada en la ciudad serrana de Tanti. Allí, en un encuentro encabezado por Juan Schiaretti, coincidieron el actual intendente de Cosquín, el kirchnerista Raúl Cardinali, y su predecesor, el socialista Gabriel Musso. Lo singular es que ambos, con una relación marcada por la rivalidad, compartieron el mismo espacio bajo el sello de Provincias Unidas.
La reunión tuvo como eje el turismo, con un discurso de Schiaretti que resaltó al sector como motor de empleo, inversión y proyección internacional. Sin embargo, lo que quedó flotando en el ambiente no fue el mensaje económico sino la foto política. El intendente y su antecesor, rivales en su ciudad, fueron presentados como parte de una misma estructura en un esquema de fiscalización y territorialidad.
El gesto expone cómo el cordobesismo logró copar la escena política provincial al punto de reunir en una misma mesa a quienes en Cosquín se disputan el poder. A falta de oposición clara (y, ahora, más bien inexistente), Cardinali y Musso parecen transformarse en dos caras de una misma moneda. Una moneda que, curiosamente, gira siempre alrededor del liderazgo de Schiaretti mediante una servil obediencia a cada una de sus órdenes.









