Hace exactamente dos años, el 19 de noviembre de 2023, Javier Milei ganaba el balotaje con el 55,65% de los votos. Fue uno de los triunfos más contundentes desde el retorno democrático y llegó a recomponer un país que vivía una sensación social de derrumbe permanente.
Entre septiembre y diciembre de 2023, la inflación mensual explotaba:
- 12,7% en septiembre,
- 8,3% en octubre,
- 12,8% en noviembre,
- 25,5% en diciembre, el valor más alto en más de tres décadas.
La inflación anual de 2023 terminó en 211,4%, la mayor desde 1990. Los esfuerzos de Sergio Massa para ganar las elecciones a través de su "plan platita" no fueron inocentes.
El riesgo país superaba los 2.400–2.600 puntos y las reservas netas del Banco Central eran negativas por más de US$ 10.000 millones. La sensación era clara: una tormenta total de inflación, brecha cambiaria, controles y parches.
La Ley de Alquileres había eliminado más de 250.000 propiedades del mercado, la gente no tenía opciones dónde vivir; las retenciones y restricciones trababan exportaciones y producción; y el sistema de precios estaba destruido por la suma de los controles y la inflación. Las políticas kirchneristas nos habían dejado en el décimo subsuelo y solo lograron robarle oportunidades -y dinero- a los argentinos.

No debemos olvidar además, que 2023 estuvo marcado por los piquetes diarios, los cortes de ruta coordinados por organizaciones sociales y las marchas constantes, que habían convertido a la Argentina en un país prácticamente inmóvil y había dado a los "gerentes de la pobreza" un poder de control inconmensurable sobre los más vulnerables.
En la Ciudad de Buenos Aires se llegaron a registrar más de 9.000 protestas en el año, con jornadas donde la 9 de Julio quedaba bloqueada durante horas. Era el símbolo perfecto del desgobierno: un Estado incapaz de garantizar el tránsito, el laburo o la vida cotidiana de los argentinos.
El batacazo del 56%: un plebiscito contra el modelo kirchnerista
En ese contexto, Milei lanzó su mensaje más recordado: “¡Basta de modelo empobrecedor! ¡Basta de la casta! ¡Viva la libertad, carajo!”. Y el país lo convirtió en mandato.
En su discurso de victoria en aquel 2023 dijo una frase que hoy resuena con los resultados a la vista: “Hoy comienza la reconstrucción de la Argentina. No hay lugar para el gradualismo.”

La promesa era clara: equilibrio fiscal, sinceramiento de precios, orden monetario y reforma del Estado. En pocas palabras, hacer lo que la política evitó durante décadas: tener un Estado pequeño, coherente y eficiente. Dejar a los argentinos crear y producir.










