En el marco de una profunda reconfiguración del modelo de infraestructura pública impulsada por el gobierno de Javier Milei, la administración nacional avanza en la Etapa II de la Red Federal de Concesiones (RFC), el ambicioso programa destinado a modernizar más de 9.000 kilómetros de rutas estratégicas mediante inversión privada total, sin recurrir a fondos del Estado. Tras el cierre del período de impugnaciones, el proceso licitatorio continúa bajo estrictos criterios de transparencia, seguridad jurídica y evaluación objetiva, consolidando un esquema que busca garantizar eficiencia, previsibilidad y calidad en la red vial nacional.
Luego de haber concesionado la Etapa I, el Gobierno avanza ahora con la Etapa II A, que contempla la licitación de más de 1.900 kilómetros de rutas nacionales, divididos en dos tramos clave para la conectividad productiva: Tramo Sur Atlántico – Acceso Sur: 1.325,17 km, incluyendo las rutas RN 3, RN 205, RN 226, y accesos críticos como la Autopista Ricchieri, la Autopista Ezeiza-Cañuelas y la Autopista Newbery. Tramo Pampa: 546,65 km, correspondiente a la RN 5, eje fundamental para el transporte agroindustrial.

En esta instancia, se recibieron 19 ofertas, de las cuales 12 fueron admitidas tras acreditar capacidad técnica y solvencia financiera, mientras que 7 fueron desestimadas, evidenciando el rigor del proceso. Particularmente, en el tramo Sur Atlántico – Acceso Sur, se presentaron 10 ofertas, con 6 aprobadas y 4 rechazadas, entre ellas la de Autopistas de Buenos Aires S.A..
La exclusión de AUBASA respondió a incumplimientos técnicos y financieros objetivos, en línea con los requisitos establecidos en el pliego. En primer lugar, la empresa no acreditó capacidad para la ejecución directa de obras, una condición central para asegurar que el concesionario cuente con recursos, experiencia y estructura propia, evitando esquemas de tercerización que diluyen responsabilidades. La documentación presentada por la firma evidenció principalmente tareas de operación, pero no la ejecución material de obras, incumpliendo así una de las exigencias clave del proceso.
En segundo término, se verificaron graves inconsistencias económico-financieras. El pliego fijaba límites claros de endeudamiento y solvencia para garantizar que las empresas pudieran asumir el riesgo sin asistencia estatal. Sin embargo, AUBASA presentó un ratio de endeudamiento de 3,75, superando ampliamente el máximo permitido de 1,50, lo que refleja una fragilidad financiera incompatible con las exigencias del sistema.
A pesar de haber contado con instancias para aclarar y complementar documentación, las observaciones no fueron revertidas. Incluso, la empresa no presentó el balance contable-financiero en forma adecuada, consolidando su exclusión. El Gobierno remarcó que los criterios aplicados fueron uniformes para todos los oferentes, sin distinción por naturaleza jurídica o jurisdicción, lo que refuerza el carácter no discrecional y transparente del proceso. Otras empresas también fueron excluidas por no cumplir con los parámetros exigidos.












