En una conferencia de prensa realizada por el vocero presidencial Manuel Adorni, se informó que el Gobierno de Javier Milei modificó la Ley de Identidad de Género y prohibió los tratamientos de hormonización y cirugías de género en menores de 18 años.
Esta iniciativa es un paso firme en la protección de los derechos de los menores, ya que busca resguardar la integridad física y psicológica de los niños y adolescentes, evitando intervenciones irreversibles en edades tempranas en las que aún no han desarrollado plenamente su capacidad de discernimiento.
Con esta reforma, Argentina se suma a una creciente tendencia internacional que cuestiona la delirante aplicación de este tipo de procedimientos en menores. Al igual que Milei, el presidente Donald Trumo en Estados Unidos revisó las leyes tras numerosos casos de niños y jóvenes que, años después de someterse a estos tratamientos, manifestaron arrepentimiento y graves secuelas en su salud física y mental.

El gobierno libertario defendió la medida con un argumento claro: la infancia y la adolescencia son etapas de desarrollo donde las decisiones que impliquen modificaciones corporales permanentes no deben tomarse de manera apresurada ni estar sujetas a ideologías nefastas.
Diversos especialistas en pediatría y psiquiatría alertaron sobre los graves efectos negativos de la hormonización temprana, que pueden incluir problemas de fertilidad, osteoporosis, afectaciones cardiovasculares y trastornos emocionales severos. Además, existen estudios que indican que la mayoría de los niños con disforia de género superan esta condición al llegar a la adultez sin necesidad de intervenciones médicas drásticas.









