Según precisaron fuentes oficiales, la tecnología permitirá identificar con mayor precisión el registro de las embarcaciones, el tamaño de sus tripulaciones y las rutas que siguen los buques, un aspecto central frente a una práctica cada vez más extendida por parte de las flotas chinas: la desactivación deliberada de los transpondedores GPS para evitar el rastreo satelital.
La preocupación internacional no es nueva. Las flotas pesqueras chinas mantienen una presencia activa en las inmediaciones de las Islas Galápagos, en Ecuador, y luego descienden frente a las costas de Perú y Chile. En el Atlántico Sur, se ha confirmado una intensa actividad en aguas cercanas a la Argentina y Uruguay. Estas flotas son sospechosas no solo de pesca ilegal, no declarada y no reglamentada, sino también de tareas de recopilación de información sensible, como el mapeo del lecho marino.
En Argentina, el fenómeno alcanzó niveles alarmantes durante la última década. De acuerdo con datos de Global Fishing Watch citados por los medios, la actividad pesquera en la zona conocida como la “Milla 201”, ubicada en el límite exterior de la Zona Económica Exclusiva, pasó de 61.727 horas por cada 500 kilómetros cuadrados en 2013 a 384.046 horas en 2023. Se trata de un crecimiento exponencial que expone la magnitud del problema.













