En un contexto regional marcado por tensiones políticas y denuncias por violaciones a los derechos humanos, el presidente Javier Milei encabezó en la Casa Rosada un encuentro cargado de simbolismo: recibió al gendarme argentino Nahuel Gallo, recientemente liberado tras permanecer 448 días detenido en Venezuela por decisión del régimen encabezado por el narcodictador, Nicolás Maduro. El mandatario estuvo acompañado por los ministros Alejandra Monteoliva y Pablo Quirno, así como por la senadora Patricia Bullrich, una de las principales referentes del oficialismo en materia de seguridad.
El encuentro, que comenzó con algunos minutos de demora, constituye el primer contacto presencial entre Milei y el cabo primero de la Gendarmería Nacional desde su regreso al país el domingo 1° de marzo, luego de una liberación que fue posible gracias a gestiones institucionales en las que intervino la Asociación del Fútbol Argentino. Desde Balcarce 50 explicaron que la demora en concretar la reunión respondió a una decisión del Ejecutivo —canalizada a través del Ministerio de Seguridad— de permitir que el efectivo pudiera reinsertarse gradualmente en su vida cotidiana y reencontrarse con su familia tras el prolongado cautiverio.

Gallo arribó a la Casa Rosada pasadas las 16 horas, donde aguardó junto a funcionarios y la senadora hasta que el Presidente finalizara la grabación de una entrevista con los economistas Antonio Aracre y Marcelo Castiñeiras, que será emitida a las 23 horas por la Televisión Pública. Previo a este encuentro, los únicos contactos oficiales de Gallo con el Gobierno habían sido precisamente Monteoliva y Quirno, quienes lo recibieron en el Aeropuerto de Ezeiza. También participaron en la conferencia de prensa del 5 de marzo en el Edificio Centinela de la Gendarmería Nacional, donde el gendarme se presentó junto a su familia: su esposa María Alexandra Gómes y su hijo Víctor.
En aquella oportunidad, Gallo describió el calvario vivido en el centro de detención Rodeo I, ubicado en las afueras de Caracas, aunque pidió cautela al momento de relatar su experiencia: “No quiero contar las cosas y las atrocidades que hicieron. No puedo todavía, no me siento preparado. Les pido mi tiempo. No hablo con todos porque yo lo pedí, quiero tiempo. Quiero discernir la información que ha pasado mucho tiempo, casi 15 meses. No sé nada de nadie, de mi familia, de la institución, del país”.










