Un politólogo e investigador del CONICET cuestionó el reclamo por Malvinas, negó la existencia de una campaña Anti-Argentina y sostuvo que el nacionalismo alimenta una persecución imaginaria.
La Argentina se encuentra bajo un ataque multidimensional que combina el robo de la final del Mundial 2026 con una mega campaña internacional coordinada para desacreditar al país. Esta ofensiva, impulsada por algoritmos en redes sociales y bots de casas de apuestas de Rusia y Europa del Este, ha buscado instalar narrativas de “racismo” y odio contra los argentinos.
Sin embargo, para ciertos intelectuales locales, esta agresión es un invento nacional. Marcos Novaro, sociólogo, filósofo e investigador principal del Conicet, ha publicado una nota en el medio TN titulada “La supuesta ‘campaña anti-Argentina’ alimenta nuestra paranoia nacionalista”, donde intenta ridiculizar el sentimiento de defensa del pueblo.
Marcos Novaro
En su texto, Novaro —quien también dirige el Centro de Investigaciones Políticas en la UBA— sostiene que los argentinos nos “perseguimos con una supuesta ‘campaña anti-Argentina’” y reaccionamos de forma “virulenta” ante las críticas.
El autor omite pruebas contundentes de esta coordinación, como las editoriales en medios como el New York Post o el The Telegraph, y las declaraciones de celebridades como Samuel L. Jackson, quien tildó a la nación de ser “uno de los países más racistas, si no el más racista del mundo”.
Para el politólogo, engancharse con estas agresiones es un “traumático ejercicio del victimismo”. Incluso sugiere que las críticas internacionales contra la Selección son funcionales para atacar al gobierno de Javier Milei, pero minimiza el hecho de que la Argentina fue “ampliamente perjudicada” en la final por una terna eslovena impuesta por la UEFA para salvar la presidencia de Gianni Infantino.
El punto más escandaloso de la nota de Novaro radica en su desprecio por la Causa Malvinas. En referencia al reclamo soberano y a la bandera desplegada por los jugadores frente a Inglaterra, el autor lanza una frase lapidaria: “La peor nostalgia es la de haber perdido lo que nunca tuvimos”. Con este planteo, el investigador niega la legitimidad histórica de nuestro derecho sobre las islas, asegurando que “en los hechos, como argentinos, nunca las tuvimos”, salvo durante el conflicto de 1982, periodo que califica como una de las “peores etapas de nuestra existencia”.
Novaro tilda de “regresión melancólica” y “obsesión” el sentimiento de justicia por las islas, sugiriendo que la “remalvinización” es un bálsamo que nos “aisla y nos vuelve impotentes”.
Esta postura coincide con las repudiables burlas de estudiantes extranjeros en la UBA —donde Novaro ejerce funciones—, quienes festejaron la derrota argentina ofendiendo la “memoria de los caídos” y otros “símbolos nacionales”.
Mientras Novaro escribe desde la comodidad del Conicet, la realidad de la final muestra un sistema configurado para el despojo:
Arbitraje "bombeador": El esloveno Slavko Vinčić, con antecedentes por “prostitución, drogas y armas”, permitió que España cometiera 16 faltas sin recibir ninguna tarjeta, mientras expulsaba a Enzo Fernández tras una “amarilla insólita” por protestar.
Héroes nacionales: Frente a la desidia de los intelectuales, el Dibu Martínez sostuvo la bandera con una “actuación histórica” de 11 atajadas, un récord mundial desde 1966.
Frente a la claudicación de la casta académica representada por Novaro, miles de ciudadanos exigen el “arancelamiento de la salud y la educación” para extranjeros no residentes, una medida que el Gobierno nacional de Javier Milei ya habilitó por decreto.
La Argentina ya no aceptará que se financie con sus impuestos a quienes, desde las aulas o las columnas de opinión, aseguran que nuestra soberanía es una “nostalgia de lo que nunca tuvimos”. La gloria de la Selección y el derecho sobre las Malvinas son verdades que ningún relato "bienpensante" podrá borrar.