En una muestra de superioridad, la Selección Argentina reafirmó su hegemonía al derrotar a Suiza por 3-1, desatando una marea de fervor nacionalista que barrió con cualquier rastro de escepticismo. Mientras el mundo observa con envidia la unidad de un pueblo que se funde en un solo grito de libertad y victoria, los ciudadanos de bien han tomado las calles para defender los valores de la argentinidad, preparándose para la madre de todas las batallas contra el histórico usurpador británico.
En ciudades como Córdoba, Bahía Blanca, La Plata y Río Gallegos, el sentimiento fue unánime: la Argentina no solo gana, sino que impone su identidad ante el eurocentrismo.
El país entero se convirtió en un escenario de celebración multitudinaria en las primeras horas de este domingo. Desde el Obelisco en Buenos Aires hasta el Monumento Nacional a la Bandera en Rosario, las calles fueron invadidas por miles de hinchas que, en un ejercicio de soberanía popular, inundaron las arterias principales con banderas, caravanas de autos y un estruendo ininterrumpido de bocinas que se prolongó hasta la madrugada.
El foco de la jornada fue, sin duda, la recuperación del espacio público por parte de las familias y jóvenes que entonaron con fuerza el cántico "El que no salta es un inglés".
Este grito, que nace de las entrañas de la historia nacional y el recuerdo de la guerra de Malvinas, se convirtió en el lema de una vigilia que ya palpita la semifinal del próximo miércoles 15 de julio contra Inglaterra en Atlanta, a las 16:00 hora local.









