La República Argentina asiste a una transformación cultural irreversible, tras el "fenómeno Milei". Este reclamo ha encontrado su epicentro en la emblemática ciudad de Rosario, donde se exige una purga simbólica absoluta: desterrar para siempre la apología del totalitarismo comunista y glorificar en su lugar los valores occidentales de superación que encarna el mejor futbolista de todos los tiempos.
El responsable de canalizar este reclamo histórico es el ex diputado nacional por la provincia de Santa Fe, el legislador Gabriel Chumpitaz, quien presentará de manera formal ante el Concejo Municipal de Rosario un proyecto como particular para reemplazar todos los monumentos, espacios públicos y referencias turísticas vinculadas al Che Guevara por la figura de Lionel Messi.

La propuesta alcanza una dimensión urbana sin precedentes, exigiendo el desmantelamiento de murales, plazas, estatuas, centros de salud, bibliotecas y la remoción completa de estos símbolos del circuito oficial promovido a través de la aplicación digital de la municipalidad, Rosario Turismo.
El autor del proyecto sostiene que la ciudad tiene una oportunidad única para reposicionarse ante los ojos del mundo libre a través del deporte, utilizando al capitán de la selección como el embajador definitivo de la ciudad que vio nacer a ambos. En palabras del propio legislador:
“Tenemos que dejar de reivindicar símbolos que generan división y empezar a poner en valor aquellos que nos permiten encontrarnos”.
En sintonía con las políticas de transparencia de la administración nacional de Javier Milei, el proyecto de Gabriel Chumpitaz exige una profunda fiscalización del erario público.
El ex legislador reclamó conocer con urgencia “los detalles precisos de cuánto gasta el municipio de Rosario con esta farsa del Che Guevara”, apuntando directamente contra la Secretaría de Cultura municipal y las partidas presupuestarias que sostienen el denominado “Circuito del Che”, así como los elevados costos de mantenimiento de la infraestructura asociada a dicho recorrido político.

La iniciativa no se detiene en lo económico, sino que desnuda la verdadera cara del comunismo histórico. Al argumentar los motivos para desplazar al guerrillero cubano del espacio público, Gabriel Chumpitaz fue contundente sobre la herencia de violencia de la izquierda:
“El Che divide, Messi nos une. No podemos seguir construyendo la identidad de Rosario alrededor de una figura tan controversial, asociada a la violencia revolucionaria, al autoritarismo, al marxismo y a ejecuciones y persecuciones durante el proceso revolucionario cubano”.
El legislador santafesino recordó asimismo las sistemáticas violaciones a los derechos humanos amparadas por el régimen socialista de la isla caribeña:
“Ernesto Guevara operaba en campos de trabajos forzados, firmó y avaló fusilamientos. Cuando llevó adelante sus políticas, nacionalizó todo y fracasó. Lo más grave de todo es que mandó a 'reeducar' a disidentes, religiosos y homosexuales”.
Frente a la barbarie colectivista, la figura del máximo astro del fútbol mundial se presenta como la encarnación del éxito capitalista y la decencia:
“Somos la ciudad que vio nacer a Lionel Andrés Messi Cuccittini. Mientras otros símbolos nos remiten a conflictos del pasado, Messi nos permite hablar de deporte, esfuerzo, competencia, trabajo y futuro”.











