Con la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca a comienzos del próximo año, todo el mundo espera saber cómo el presidente electo planea cumplir su promesa de terminar la guerra en Ucrania en solo un día, y sobre la posible respuesta del Kremlin.
Un desafío inicial para cualquier acuerdo potencial es la presencia ucraniana en la región rusa de Kursk, donde Kiev avanzó en territorio ruso tras una operación sorpresa en agosto de 2024.
La recuperación de este territorio, actualmente bajo control ucraniano, fue descrita por el presidente ruso, Vladímir Putin, como una de sus mayores prioridades, aunque sus intentos para lograrlo fueron un fracaso.
Trump afirmó repetidamente que, si regresa a la Casa Blanca, pondría fin a más de dos años y medio de conflicto en Ucrania "en 24 horas", pero no detalló el método que usaría para detener la guerra más grande en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
"Tengo un plan muy específico para detener el conflicto entre Ucrania y Rusia", comentó Trump en septiembre. "No puedo darles esos planes porque si se los doy, no voy a poder usarlos".
En junio, el vocero del Kremlin, Dmitry Peskov, comentó a Reuters que Moscú "no tiene idea de qué plan se refiere ni qué contiene", en relación a los supuestos planes de Trump para terminar el conflicto. Peskov declaró el miércoles que Putin está "abierto a un diálogo constructivo".
"Sin embargo, la administración estadounidense actual mantiene una postura opuesta. Veremos qué sucede en enero", dijo Peskov a los medios. Trump subrayó su "muy buena relación" con Putin, aunque también asegura mantener una comunicación fluida con Zelensky.
No obstante, Kiev y muchos de sus aliados están preocupados por el regreso de Trump al poder, temiendo lo que pueda significar para las fuerzas ucranianas en un momento en que están perdiendo terreno en el este frente a Rusia.
Esto se debe a que Ucrania depende fuertemente de sus aliados occidentales para recibir suministros militares. Trump indicó que pondría fin a esta ayuda si regresa al cargo.








