Guillermo González Prieto, entonces presidente del Consejo de Administración del hospital, llegó a decir: “Es un orgullo inaugurar este banco rojo en el Hospital Garrahan”. La frase resume una gestión que priorizó el activismo por sobre la medicina, y que utilizó una institución de prestigio internacional como plataforma de propaganda.
Además, se mantuvieron activos comités tan innecesarios como el “Hospital Libre de Humo de Tabaco”, cuya misión podría haberse resuelto con una simple señal de “Prohibido fumar”, pero que demandó recursos humanos y estructura organizativa propia.
Lo más preocupante, sin embargo, fue la existencia de un equipo especializado en “acompañar” procesos de cambio de identidad de género en menores de edad. Según su propio objetivo, este grupo buscaba “acompañar la atención de NNyA en el proceso de transición de su identidad de género y aspectos ligados a su orientación sexual, desde una perspectiva de derechos, de diversidad, de universalidad y de equidad con las personas y sus familias”. La mutilación hormonal y quirúrgica de menores fue financiada por el Estado bajo una retórica ideológica que poco y nada tiene que ver con la ciencia médica.
Ante este escenario, el gobierno de Javier Milei decidió avanzar con firmeza. Como parte del proceso de racionalización administrativa, se eliminó el absurdo Comité de Género y otras estructuras ideológicas. Esta medida permitió no solo un ahorro económico, sino el retorno al eje esencial del Garrahan: la atención pediátrica de excelencia.