Mientras las autoridades viajan y participan en cumbres diplomáticas, en barrios como Carrefour-Feuilles, Artibonito o Cité Soleil, los residentes siguen viviendo bajo el dominio de pandillas que imponen toques de queda, cobran peajes ilegales y desplazan familias enteras.
La reunión en Estados Unidos refleja una constante en la política haitiana: la dependencia casi absoluta de actores externos para definir y ejecutar estrategias nacionales.
Desde planes de seguridad hasta programas económicos, las decisiones cruciales para el futuro del país terminan en mesas de negociación internacionales más que en espacios de construcción local.
Críticos aseguran que esta dinámica solo perpetúa la fragilidad institucional y refuerza la imagen de un Estado incapaz de gobernarse por sí mismo.