"Es un alivio a los medios. La gente podrá volver, pero bajo las reglas de las pandillas", explicó un activista local, señalando que los residentes aún temen represalias y extorsiones.
Analistas en seguridad consideran que este anuncio responde más a un cálculo político de Chérizier que a un gesto humanitario. El líder del G9 ha buscado en repetidas ocasiones proyectarse como un actor indispensable en cualquier negociación nacional, intentando ganar legitimidad frente a la opinión pública e incluso frente a la comunidad internacional.
En la práctica, el control de las pandillas sigue siendo absoluto en la mayor parte de Puerto Príncipe. El Estado carece de capacidad para garantizar la seguridad, mientras que las organizaciones humanitarias continúan denunciando desplazamientos masivos, secuestros, extorsiones y asesinatos.
Con esta jugada, “Barbecue” no solo reafirma su influencia sobre los barrios de la capital, sino que deja claro que el futuro inmediato de miles de familias haitianas sigue dependiendo más de las decisiones de las pandillas que de las autoridades oficiales.