La violencia en Haití alcanzó un nuevo nivel de brutalidad este fin de semana, cuando bandas armadas emboscaron y asesinaron a dos agentes de la nueva unidad élite en Kenscoff, una zona montañosa a las afueras de Puerto Príncipe.
Los atacantes embistieron contra un vehículo blindado, lo inutilizaron y luego se grabaron saqueando armas y chalecos antibalas de las víctimas, en un desafío abierto al Estado haitiano y a la comunidad internacional.
El hecho ocurre en un país donde el 90% de la capital está bajo control de pandillas , según estimaciones de la propia ONU, lo que convierte a las autoridades en meros espectadores de un territorio dominado por criminales que imponen su ley a punta de fusil.












