El relato tradicional de la Ruta de la Seda suele concentrarse en grandes capitales comerciales, caravasares y oasis famosos. Pero una investigación reciente en las montañas del sureste de Uzbekistán puso el foco en algo distinto: una ciudad de altura que habría sido un motor industrial, con evidencia de metalurgia a gran escala. El trabajo, apoyado en tecnología de escaneo remoto (Lidar) montada en drones, permitió identificar trazas urbanas, fortificaciones y estructuras que hasta ahora eran desconocidas.
El sitio principal, conocido hoy como Tugunbulak, habría ocupado una superficie cercana a 120 hectáreas y habría funcionado entre los siglos VI y X/XI. Los investigadores estiman que pudo albergar población “en decenas de miles”, un tamaño capaz de rivalizar con centros históricos de la región. La relevancia no es solo el tamaño: en un área fortificada hallaron restos de hornos y escorias que sugieren producción de hierro o acero, lo que lo conecta directamente con los circuitos económicos de la Ruta de la Seda.
La existencia de esta “ciudad de hierro” en plena cordillera reabre preguntas sobre cómo se organizaba el poder y la producción en Asia Central medieval. Según los investigadores, el hallazgo coloca industria y control territorial “muy por fuera” de los polos agrícolas tradicionales, complicando la idea de que el dinamismo económico se concentraba solo en las llanuras y ciudades de oasis. En otras palabras: no era únicamente un corredor de paso; también había centros productivos con escala urbana en lugares remotos.












