En las abruptas tierras altas del sureste de Uzbekistán, a unos 2.000 metros sobre el nivel del mar, un equipo internacional de arqueólogos está excavando un vasto asentamiento que desafía las ideas tradicionales sobre la Ruta de la Seda. El sitio, conocido como Tugunbulak, ocupa cerca de 120 hectáreas y muestra restos de murallas con torres que encierran un área casi el doble de Pompeya.
Los investigadores, dirigidos por Michael Frachetti de la Universidad de Washington en San Luis, Farhod Maksudov del Centro Nacional de Arqueología de Uzbekistán y Sanjyot Mehendale de la Universidad de California en Berkeley, creen que se trata de la legendaria Marsmanda. Esta metrópolis productora de hierro aparece mencionada en fuentes árabes del siglo X, pero nunca había sido localizada.
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El lugar se habitó entre los siglos VI y XI, en plena vigencia de las rutas comerciales que unían Asia oriental con el Mediterráneo. Hoy solo pastorean pastores estacionales y unos pocos agricultores de verano, pero hace un milenio albergó una comunidad urbana compleja en un entorno donde las nevadas de junio no son raras y la nieve cubre el suelo más de medio año.
Las excavaciones revelaron evidencias claras de actividad metalúrgica intensiva. Rocas pesadas cargadas de pellets de hierro, escoria y restos de hornos indican que mineros, fundidores y herreros se concentraron allí para fabricar armas, herramientas y herrajes.











