Carlos Rottemberg volvió a poner en palabras una historia de amistad que atraviesa décadas del espectáculo argentino. En su libro Pasen y lean: 50 años de teatrista y algo más, el productor teatral recupera el vínculo que lo unió a Daniel Tinayre y, a través de él, a Mirtha Legrand. El relato no se queda en anécdotas de trabajo: muestra cómo una promesa dicha en la intimidad de un sanatorio marcó para siempre su manera de acompañar a la conductora.
La relación con Tinayre se forjó en los años 80, cuando ambos se movían en el circuito de la producción teatral. Rottemberg recuerda que la llegada a Mirtha y a su familia —incluyendo a Goldy y José— fue posible gracias a ese lazo. “En mi caso, la relación con Mirtha comenzó por Daniel, con quien establecimos una unión entrañable”, escribe. La cercanía se volvió cotidiana: llegaron a hablar todas las noches, a veces solo para saludarse, algo que la propia Legrand le confesó con un toque de celos.

El productor destaca las actitudes de Tinayre hacia él y su familia como “infinitas” e imposibles de olvidar. Ese afecto se mantuvo vivo incluso en los momentos más duros. En mayo de 2020, cuando falleció la hermana de la presentadora, Rottemberg recibió una llamada de Mirtha destrozada. Vivían a una cuadra. Dudó si romper la cuarentena para acompañarla a pocos metros y con barbijo, pero fue. Detrás de esa decisión estaba una promesa antigua.
El 23 de octubre de 1994 falleció Daniel Tinayre. La noche anterior, Rottemberg había estado en su casa, recostado en la cama, contándole detalles del estreno de Matrimonios y algo más en el Tabarís. Compartieron una cena sencilla con Mirtha y después lo acompañaron al hospital. Ya en el sanatorio, Tinayre reunió fuerzas para hablar.


El pedido que cambió todo






