Mientras retiraban escombros para proteger la necrópolis de crecidas, un equipo halló el sepulcro de un funcionario llamado Paser, con pinturas en muy buen estado.
Un equipo internacional de arqueólogos que trabajaba cerca de Luxor, en Egipto, encontró por casualidad una tumba de unos 3.000 años de antigüedad mientras intentaba proteger otros monumentos de las crecidas repentinas. El hallazgo ocurrió en la necrópolis de Lower Sheikh Abd el-Qurna, un sitio patrimonio de la Unesco ubicado en las faldas de la montaña tebana.
El objetivo principal del proyecto no era descubrir tumbas nuevas, sino despejar escombros y redirigir el agua de lluvia para evitar que dañara las estructuras antiguas. En esa zona, las lluvias intensas provocan inundaciones que amenazan con destruir pinturas, muros y techos. Al excavarlo todo con métodos arqueológicos cuidadosos, apareció este sepulcro desconocido.
La tumba tiene el diseño típico de las sepulturas de la élite del Reino Nuevo, entre aproximadamente 1550 y 1069 antes de Cristo. Incluye un patio exterior, una capilla excavada en la roca y cámaras funerarias subterráneas. El patio conserva una plataforma de adobe con un nicho para una estela y una escalera con rampas a los costados.
Al entrar en la capilla, los investigadores vieron paredes decoradas con pinturas todavía nítidas. En ellas aparece el dueño principal de la tumba adorando a distintas divinidades dentro de santuarios, y también sentado junto a su esposa frente a una mesa llena de pan, cerveza, frutas, carne y flores.
Quién era el dueño de la tumba
Por el estilo de las imágenes y la iconografía, el equipo dató el sepulcro en el período ramésida, entre 1292 y 1069 antes de Cristo. Ese momento histórico se caracteriza por los numerosos faraones llamados Ramsés. Las pinturas ofrecen datos valiosos sobre la vida cotidiana, las creencias y la posición social del propietario.
Un primer análisis permitió identificar al dueño principal como un funcionario llamado Paser. Las paredes todavía tienen una capa de suciedad, así que cuando los especialistas en conservación las limpien se espera obtener más información sobre él, su familia y posibles reutilizaciones posteriores de la tumba.
La necrópolis tebana, de unos 10 kilómetros cuadrados, fue el principal cementerio real y de élite durante medio milenio a partir de 1550 antes de Cristo. Está en la orilla oeste del Nilo, frente a la antigua Tebas, y concentra lugares famosos como el Valle de los Reyes y el Valle de las Reinas, además de cientos de tumbas privadas y restos de templos y palacios.
El equipo trabaja en la zona desde 2018 en colaboración con el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto. Una de las preguntas centrales de la investigación es por qué, en la época ramésida, funcionarios como Paser preferían reutilizar o construir tumbas junto a monumentos de la dinastía anterior en lugar de levantar sepulcros completamente nuevos.
Una carrera contra el tiempo
El trabajo se hace con urgencia porque el cambio climático aumenta la frecuencia e intensidad de las inundaciones repentinas. El agua puede activar cristales de sal, borrar las pinturas y hasta provocar el derrumbe de las estructuras. Por eso el proyecto combina conservación preventiva con exploración arqueológica de un sector que hasta ahora había sido poco estudiado.
A diferencia de sitios muy conocidos como el Valle de los Reyes o los grandes templos de Luxor y Karnak, Lower Sheikh Abd el-Qurna guarda un material arqueológico rico y todavía poco explorado. Las tumbas decoradas que van apareciendo permiten reconstruir la vida, las creencias funerarias y el arte de funcionarios y gente común a lo largo de varios siglos.
El director del equipo, Carina van den Hoven, del Instituto Neerlandés para el Cercano Oriente de la Universidad de Leiden, describe la emoción y la tensión del primer momento en que se mira dentro de una tumba recién descubierta: no se sabe si el techo se derrumbó, si fue saqueada o si sigue intacta. En este caso, la sorpresa fue encontrar un sepulcro notablemente bien conservado.