Mucho antes de que los dinosaurios dominaran los continentes y aparecieran los cocodrilos modernos, sus antepasados ya atravesaban una etapa decisiva. En ese escenario, poco después de la mayor extinción masiva de la historia de la Tierra, surgió una nueva especie de reptil fósil en el interior de Río Grande do Sul, Brasil.
Se trata de Silescelida acristata, un animal que vivió hace unos 240 millones de años, en el período Triásico Medio. El ejemplar apareció en Dona Francisca, en rocas del Geoparque UNESCO Quarta Colônia. El hallazgo permite completar un vacío importante en la evolución de los arcosauriformes, el grupo que dio origen a los arcosaurios, linaje que incluye a cocodrilos, dinosaurios y aves.
El trabajo fue realizado por investigadores del Centro de Investigaciones Paleontológicas Quarta Colônia de la Universidad Federal de Santa María, junto con equipos de la UFRGS y la PUCRS, y se publicó en la revista Scientific Reports.
Cuando este reptil habitaba la Tierra, los ecosistemas terrestres aún se recuperaban de la extinción pérmico-triásica, ocurrida hace unos 252 millones de años. Ese evento eliminó gran parte de la vida y abrió el camino para la diversificación de nuevos grupos. En ese contexto de reconstrucción ecológica, distintas líneas de reptiles comenzaron a ocupar roles diferentes.

Un depredador pequeño con patas especiales
Silescelida acristata era un animal relativamente pequeño y esbelto que se desplazaba sobre cuatro extremidades. Su tamaño se puede comparar con el de un caimán chico. Aunque no era ni dinosaurio ni cocodrilo, pertenecía a un linaje cercanamente emparentado con las formas que precedieron el origen de esos grupos. Su dieta probablemente incluía animales más pequeños, por lo que cumplía el rol de un pequeño depredador en los ecosistemas triásicos del sur de Brasil.
El fósil conserva principalmente partes de las extremidades. A simple vista ese material puede parecer limitado, pero aporta datos clave sobre la locomoción y las relaciones evolutivas del animal. Una de las características más relevantes está en el fémur. Como algunos de sus parientes cercanos, tenía las patas en una posición más semierecta, más debajo del cuerpo que a los costados. Ese cambio permitía un desplazamiento más eficiente, con menor arrastre sobre el suelo.

En términos evolutivos, este tipo de transformación se relaciona con el conjunto de cambios anatómicos que más tarde resultaron fundamentales para el éxito de los arcosaurios. El nuevo fósil ayuda a entender una fase previa al auge de dinosaurios y cocodrilos, cuando sus parientes cercanos todavía experimentaban distintas formas corporales, posturas y modos de movimiento.
Los análisis filogenéticos indican que Silescelida acristata podría estar emparentada con los Euparkeriidae, un grupo raro de arcosauriformes aún poco conocido. Hasta ahora, los fósiles asociados a este grupo se conocían sobre todo de África, Asia y Europa. La presencia de una forma relacionada en América del Sur amplía de manera significativa la distribución geográfica conocida de estos animales.
Una redistribución geográfica y un fósil reencontrado
Esto sugiere que estos reptiles estuvieron más extendidos por el mundo triásico de lo que indicaba el registro fósil. También refuerza la importancia de América del Sur para el estudio del origen y la diversificación de los grandes grupos de vertebrados terrestres.
La historia del hallazgo tiene un giro particular. Parte del fósil, justamente la porción que guardaba información esencial sobre su procedencia, se perdió de manera accidental durante más de dos décadas. Recién en 2022, durante una visita técnica a la colección científica de la PUCRS, los investigadores localizaron el fragmento faltante. Ese reencuentro permitió confirmar el origen del ejemplar y describirlo formalmente como una nueva especie.
El propio nombre del animal alude a esa historia. Silescelida combina palabras asociadas a “silencio” y “pata”. El silencio refiere al largo período en que parte del fósil permaneció olvidado, mientras que “pata” alude al tipo de material preservado, compuesto sobre todo por huesos de las extremidades. El epíteto acristata significa “sin cresta”, porque el fémur carece de una protuberancia ósea donde se insertaría parte de la musculatura de la cola. Esa ausencia lo distingue de casi todos sus parientes cercanos.