Joby Aviation anunció la adquisición de Resonant Sciences, la firma de defensa con sede en Dayton, Ohio, en una operación valuada en 500 millones de dólares. Con este movimiento, la compañía de aviones eléctricos de despegue y aterrizaje vertical apunta a ampliar su presencia dentro del complejo industrial militar.
El acuerdo se financiará con 450 millones de dólares en efectivo y 50 millones en acciones. Se espera que cierre a comienzos de 2027. A partir de ese momento, Resonant funcionará como la división dedicada exclusivamente a la defensa de Joby. La unidad comercial, en tanto, seguirá concentrada en los taxis aéreos, cuyo lanzamiento se anticipa para más adelante este mismo año.
La operación refleja una tendencia cada vez más clara en la joven industria de la aviación eléctrica: mirar más allá de los taxis urbanos para encontrar nuevas fuentes de ingresos. Los crecientes costos y el largo proceso de aprobación regulatoria empujan el éxito comercial cada vez más lejos en el tiempo. Para muchas empresas, los contratos militares representan una oportunidad demasiado atractiva como para dejarla pasar.
Resonant Sciences, fundada en 2015 y con alrededor de 250 empleados, desarrolla sistemas que permiten a las aeronaves ver, comunicarse y operar en entornos complejos, incluidos los escenarios de conflicto. Sus sensores, antenas y tecnologías de procesamiento de señales facilitan comunicaciones seguras y protegen contra interferencias, mientras que su expertise en baja observabilidad ayuda a que los aviones resulten más difíciles de detectar.
Combinación de capacidades técnicas
Los productos de Resonant ya están calificados en más de 20 plataformas aéreas, tanto comerciales como de defensa. Gran parte de su personal cuenta con habilitaciones de seguridad militar debido al carácter clasificado de parte de su trabajo. Joby sostiene que la compra le permitirá combinar su propia tecnología de propulsión y autonomía con las capacidades de radiofrecuencia, sensores y sistemas de misión de Resonant.
La compañía afirma que pretende diseñar y fabricar aeronaves furtivas a partir de estos sistemas recién incorporados. Joby ya tenía vínculos con el ámbito militar desde 2016, cuando participó en un proyecto de la Defense Innovation Unit del Departamento de Defensa de Estados Unidos. En 2020 se convirtió en el primer desarrollador de eVTOL en obtener una aprobación de aeronavegabilidad y un certificado de autorización de vuelo de la Fuerza Aérea estadounidense para ensayos oficiales. En 2023 entregó su primer avión a la base Edwards para pruebas.

Los desarrolladores de aeronaves eléctricas miran cada vez más hacia los proyectos militares para sostener un negocio que exige mucho capital. Los taxis aéreos todavía no cuentan con las aprobaciones gubernamentales necesarias en la mayoría de los mercados para iniciar el servicio comercial y generar ingresos más estables. Como resultado, estas empresas, incluida Joby, reportan pérdidas trimestrales elevadas con frecuencia.
La semana pasada, Joby informó una pérdida neta de 245,4 millones de dólares en el segundo trimestre de 2026 sobre ingresos de 38,6 millones. Conseguir más contratos militares se vuelve tan relevante como lograr el lanzamiento de un servicio de taxis aéreos viable. El mes pasado, Archer Aviation, uno de sus principales competidores, presentó una nueva aeronave desarrollada junto a la firma de tecnología de defensa Anduril.