La presencia del llamado "pipazo" en las calles cordobesas no es nueva, pero volvió a la agenda tras dos asesinatos de extrema violencia. Se trata de los casos de Milagros Basto y Brenda Torres, con un trasfondo común marcado por el consumo de esta sustancia devastadora. Su impacto social y sanitario reaviva la preocupación por una droga que se cobra vidas en muy poco tiempo.
Según la doctora Andrea Vilkelis, jefa de Toxicología del Hospital de Urgencias, el pipazo es “terriblemente adictivo”. En otras provincias se lo conoce como "paco" y es un subproducto del clorhidrato de cocaína con alto nivel de impurezas. Por su toxicidad y efectos, los especialistas lo catalogan como una “droga sucia” capaz de destruir vidas en meses.
El consumo genera una euforia intensa de 15 a 30 minutos, seguida de una fuerte depresión que impulsa a repetir la dosis. “Se sienten muy bien y hasta alucinan, pero posteriormente hay una caída muy grande”, explicó Vilkelis sobre sus efectos. Este ciclo rápido de estimulación y caída contribuye a la dependencia extrema que provoca.









