Un pez prehistórico de 380 millones de años podría aportar respuestas a una de las grandes preguntas de la evolución: cómo algunos animales comenzaron a abandonar el agua y a vivir sobre la tierra. Investigadores de la Universidad de Flinders analizaron el cráneo y la caja cerebral de Koharalepis jarviki, un gran pez depredador que vivió durante el período Devónico, conocido como la “Edad de los Peces”. El estudio reveló características anatómicas que sugieren una vida cerca de la superficie del agua y posibles adaptaciones vinculadas con la respiración aérea.
El fósil fue descubierto en la región de las montañas Lashly, en la Antártida, y representa el único ejemplar conocido de su tipo. Su importancia radica en que pertenece a un grupo de peces estrechamente relacionado con los primeros vertebrados de cuatro extremidades, los tetrápodos, que más tarde darían origen a los animales terrestres. Por eso, cada detalle de su anatomía puede ayudar a reconstruir el proceso evolutivo que permitió a la vida pasar del ambiente acuático al terrestre.
Un fósil único del Devónico: el pez que conecta Antártida, Australia y los primeros animales terrestres
Koharalepis jarviki pertenecía a la familia Canowindridae, un grupo de peces de aletas lobuladas que habitó antiguos ecosistemas de Gondwana oriental. Los fósiles de este linaje fueron encontrados tanto en Antártida como en Australia, lo que refuerza los vínculos geológicos y biológicos entre ambas regiones cuando formaban parte de un mismo supercontinente. La doctora Alice Clement, investigadora de la Universidad de Flinders, explicó que este fósil “pertenece a un grupo llamado Canowindridae, que destaca los antiguos vínculos entre Australia y la Antártida”.
La relevancia del ejemplar también se relaciona con su momento evolutivo. El Devónico fue una etapa decisiva para la historia de los vertebrados, porque en sus mares y ríos vivieron peces depredadores de aletas lobuladas estrechamente relacionados con los animales que más tarde caminarían sobre tierra firme. “Es importante estudiar especímenes de la Edad Devónica de los Peces, cuando las aguas estaban llenas de peces depredadores de aletas lobuladas como este, estrechamente relacionados con los animales terrestres”, señaló Clement.
Estos peces no eran animales terrestres, pero compartían rasgos con los linajes que terminaron dando origen a los tetrápodos. Sus aletas, cráneos y sistemas sensoriales permiten observar etapas intermedias en la evolución de estructuras que luego serían fundamentales para moverse, respirar y orientarse fuera del agua. En ese sentido, Koharalepis jarviki funciona como una pieza clave para entender cómo se fueron acumulando adaptaciones antes de que los vertebrados conquistaran definitivamente la tierra.
Imágenes con neutrones: cómo lograron ver dentro del cráneo sin destruir el fósil
El estudio fue posible gracias al uso de tecnología avanzada de imágenes con neutrones. Los investigadores aplicaron métodos de escaneo no destructivos para observar el interior del cráneo y estudiar estructuras que permanecieron ocultas durante cientos de millones de años. Esta técnica permitió reconstruir detalles de la caja cerebral y de los huesos internos sin cortar ni dañar el único ejemplar conocido de la especie.
La candidata doctoral Corinne Mensforth, autora principal del trabajo desde el laboratorio de Paleontología de Flinders, destacó el valor del fósil porque conserva los huesos internos del cráneo. Ese tipo de preservación es especialmente importante en paleontología, ya que muchas veces los fósiles muestran solo superficies externas o partes incompletas. En este caso, la posibilidad de acceder a la anatomía interna permitió estudiar señales vinculadas con respiración, percepción de la luz y adaptación al ambiente.
El uso de imágenes con neutrones ofrece ventajas frente a otros métodos porque permite diferenciar materiales y estructuras dentro de fósiles complejos. En piezas antiguas y únicas, donde no se puede intervenir físicamente, estas tecnologías funcionan como una ventana hacia partes invisibles del organismo. Gracias a ese enfoque, el equipo pudo obtener información anatómica que antes habría sido imposible o demasiado riesgosa de recuperar.
Respirar aire y vivir cerca de la superficie: las pistas ocultas en el cráneo
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio fue la presencia de aberturas en el cráneo que podrían haber ayudado al pez a tomar aire. Los investigadores interpretan que Koharalepis jarviki tenía rasgos adecuados para vivir cerca de la superficie del agua, donde podía acceder mejor al oxígeno atmosférico. Esa característica resulta relevante porque la capacidad de respirar aire fue uno de los pasos fundamentales en la transición evolutiva hacia la vida terrestre.
El análisis también reveló una estructura sensible a la luz, vinculada con ritmos de día y noche. Este órgano pudo haber ayudado al animal a regular comportamientos asociados con la iluminación, la profundidad del agua o los cambios ambientales. La presencia de ese sistema sensorial sugiere que estos peces no solo estaban adaptados para moverse y cazar, sino también para interpretar mejor las condiciones de su entorno.
En otras palabras, Koharalepis no “caminaba” sobre la tierra, pero sí muestra algunas condiciones previas importantes. Vivir cerca de la superficie, detectar cambios de luz y posiblemente tomar aire son rasgos que ayudan a imaginar cómo ciertos peces comenzaron a explotar ambientes poco profundos, pantanosos o variables. Esos ambientes pudieron haber sido el escenario donde, millones de años después, otros vertebrados desarrollaron extremidades capaces de soportar peso fuera del agua.