Cada año, en una fecha móvil del calendario hebreo que en 2026 coincide con el 14 de abril, se conmemora el Yom HaShoá, una jornada central para la memoria del pueblo judío y un llamado global a enfrentar el antisemitismo.
A diferencia del 27 de enero —establecido por la Organización de las Naciones Unidas—, esta conmemoración está profundamente ligada a la historia y la identidad judía. Recuerda no solo a los seis millones de judíos asesinados durante la Shoá, sino también a quienes resistieron la persecución del régimen nazi encabezado por Adolf Hitler.
Una jornada de memoria y reflexión



En Israel, Yom HaShoá se vive con una intensidad única. Una sirena de dos minutos paraliza al país: autos detenidos en las autopistas, peatones inmóviles en las calles, comercios en silencio. Es un gesto colectivo que simboliza el respeto y la memoria por las víctimas del Holocausto.
Los actos centrales se desarrollan en Yad Vashem, donde sobrevivientes, líderes y jóvenes participan en ceremonias que buscan mantener viva la memoria y transmitirla a las nuevas generaciones.
El antisemitismo, una amenaza vigente
El recuerdo de la Shoá no es solo histórico. En un contexto global donde resurgen discursos de odio, el antisemitismo sigue manifestándose en ataques a instituciones, vandalismo y campañas en redes sociales.
Distintos organismos internacionales vienen advirtiendo sobre un aumento sostenido de estos incidentes, lo que refuerza la necesidad de conmemoraciones como Yom HaShoá: no solo para recordar, sino para prevenir.
Educación, memoria y responsabilidad



La educación es una de las herramientas más poderosas contra el odio. Enseñar lo que ocurrió durante el Holocausto permite comprender hasta dónde puede llegar la deshumanización cuando no se la enfrenta a tiempo.
En Argentina, donde vive una de las comunidades judías más importantes de América Latina, la fecha también es recordada con actos, charlas y actividades educativas que buscan fortalecer la memoria colectiva.
Un compromiso que trasciende generaciones
Yom HaShoá interpela al presente. No se trata solo de recordar a las víctimas, sino de asumir un compromiso activo contra cualquier forma de discriminación.
En un mundo donde el antisemitismo aún persiste, la memoria del Holocausto sigue siendo una advertencia vigente: el odio, cuando no se detiene, puede escalar hasta consecuencias irreparables. Mantener viva esa memoria es, hoy más que nunca, una responsabilidad compartida.