El inicio del segundo tiempo se retrasó tras varias advertencias desde los altoparlantes y la intervención policial. La voz oficial del estadio comunicó: “Debido a los actos vandálicos la parcialidad visitante deberá abandonar la tribuna”. Sin embargo, apenas se intentó reanudar el partido, el árbitro Gustavo Tejera tuvo que suspenderlo a los dos minutos luego de que hinchas ingresaran al campo de juego, algunos de ellos ya lesionados por los ataques de la U.
A pesar de los intentos de mediación de los capitanes visitantes, la situación se agravó: la facción disidente de la barra del Rojo ingresó al sector de los chilenos para enfrentar a los pocos hinchas que permanecían, dando lugar a una verdadera cacería. Los agresores locales golpearon, desnudaron y dejaron heridos a varios visitantes, algunos cubiertos de sangre y otros tendidos sobre los asientos. Incluso se registró la caída de un hincha desde la tribuna.












