En medio de otra semana cargada de sospechas y malestar por decisiones arbitrales, el mafioso Claudio "Chiqui" Tapiavolvió a pararse del lado menos oportuno: el de minimizar los problemas de una gestión claramente manchada por la corrupción y los amiguismos. Lejos de asumir la profundidad del descontento generalizado, el desastroso presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) defendió el desempeño de los jueces y negó favoritismo, generando una vez más una ola de indignación generalizada.
Las declaraciones del dirigente surgieron después de dos episodios que explotaron en el fútbol argentino: las polémicas clasificaciones de Deportivo Madryn a la final del Reducido la Primera Nacional yde Barracas Central, club históricamente asociado al propio Tapia, a los playoffs del Torneo Clausura. Ambas situaciones reavivaron sospechas de favoritismos y reencendieron un debate que Tapia parece decidido a ignorar.
Sin embargo, durante el Olé Summit, el mandamás intentó correr el foco de la discusión apuntando a jugadores y entrenadores. "Los partidos los ganan y los pierden los jugadores, y a veces parece que nunca los pierden ellos, o que los técnicos no se equivocan en los planteos. Parece que siempre se pierde porque el árbitro se equivocó".
La defensa continúa con una relativización que, para muchos, resulta incomprensible en el contexto actual: "A veces hay que ponerse en el lugar de cada uno. Uno que ve todos los partidos sabe que por ahí hay algún error humano que los medios dejan pasar por alto y no lo muestran. Tan malo el arbitraje argentino no es".
Para Tapia, el arbitraje argentino no es "tan malo"
Tapia también apeló a la historia para diluir responsabilidades, sacando a relucir ejemplos que lejos están de mejorar la imagen institucional: "Siempre está la sugestión. Siempre existió, desde Grondona con Arsenal. Dicen de Riestra, que estuvo 25 partidos sin perder como local: ¿cómo lo van a favorecer tantos partidos? También que Aldosivi iba a ser perjudicado porque yo soy sanjuanino. Perdió y San Martín descendió".
Si bien terminó reconociendo la existencia de fallos controversiales, volvió a insistir en que se trata únicamente de errores involuntarios: "Sabemos que también hay errores que son humanos, que cuentan de fracciones de segundo, y que el hincha los ve como algo que perjudica al otro. No siempre es culpa del árbitro, porque cuando un equipo pierde es porque el otro lo supera. Seguramente haya errores arbitrales y nosotros trabajamos para corregirlos".
El problema para Tapia es que su discurso ya no convence a nadie. En un fútbol desgastado por sospechas permanentes, arbitrajes inconsistentes y una transparencia institucional que sigue siendo una deuda estructural, sus explicaciones suenan insuficientes y, para muchos, despegadas de la realidad.
Mientras las polémicas se acumulan y la confianza se erosiona, la AFA sigue sin ofrecer respuestas de fondo. Y el mensaje del presidente, más defensivo que autocrítico, no hace más que profundizar la distancia entre la conducción del fútbol argentino y quienes lo sostienen semana a semana: los hinchas, los jugadores y los propios clubes.