La designación de Slavko Vinčić como árbitro de la final del Mundial 2026 entre España y Argentina despertó cuestionamientos antes del partido por diversos motivos y, tras eltriunfo español por 1-0, el debate tomó todavía más fuerza. Más allá de su desempeño durante los 120 minutos, la FIFA decidió poner al frente del encuentro más importante del torneo a un juez con un antecedente llamativo: la selección española jamás había perdido un partido bajo su arbitraje.
El dato no era menor. Antes de la final disputada en Nueva Jersey, Vinčić ya había dirigido en cinco oportunidades a España y el balance era ampliamente favorable: tres victorias y dos empates. Con el éxito ante la Albiceleste, el registro quedó en seis encuentros sin derrotas.
La serie comenzó el 7 de junio de 2017, cuando España igualó 2-2 frente a Colombia en un amistoso internacional. Luego llegó el empate sin goles ante Suecia en la fase de grupos de la Eurocopa 2020.
A partir de allí, todos fueron triunfos. El árbitro esloveno impartió justicia en la victoria por 2-1 sobre Italia en las semifinales de la Nations League 2023, repitió presencia en el 1-0 ante los italianos durante la fase de grupos de la Eurocopa 2024 y también estuvo en la semifinal de ese torneo, donde la Roja venció 2-1 a Francia para acceder a la definición.
Con ese historial sobre la mesa, la FIFA volvió a confiar en Vinčić para la final del Mundial. El resultado fue una nueva victoria española, esta vez por 1-0 frente a la Selección, que le permitió conquistar su segunda Copa del Mundo.
Una decisión difícil de justificar
Si bien no existe ninguna norma que impida designar a un árbitro que anteriormente haya dirigido varias veces a uno de los finalistas y que las estadísticas por sí solas no prueban ninguna irregularidad, la elección resulta difícil de justificar desde el punto de vista de la imagen y la transparencia que debería transmitir una final de un Mundial.
La FIFA contaba con otros árbitros de primer nivel que podían asumir la responsabilidad sin cargar con un antecedente estadístico tan marcado. Sin embargo, optó por un juez que acumulaba cinco partidos consecutivos sin derrotas para uno de los equipos involucrados y que, además, había arbitrado encuentros decisivos de esa misma selección en competiciones recientes.
El problema no pasa necesariamente por insinuar un presunto favoritismo deliberado, sino por evitar cualquier elemento que pueda poner en duda la imparcialidad de una designación. En una final mundialista, donde cada decisión queda bajo la lupa y el margen para la polémica es mínimo, la apariencia de neutralidad también es un valor fundamental.